Uno de los principales problemas sociales de Venezuela en la actualidad es la apropiación del conocimiento científico y tecnológico que se genera en el seno de las universidades e institutos universitarios de tecnología. Más allá de la calidad y cantidad del conocimiento generado por las universidades existe un factor crucial en el que se está fallando como lo es la formación de investigadores, hecho que está imbricado a la débil gestión del conocimiento.
Como todo problema educativo, la formación de investigadores en Venezuela tiene su raíz desde la educación primaria y secundaria. La ciencia y la tecnología no representan un eje central en las escuelas ni liceos. Esto se debe a que a pesar de los esfuerzos nuestro sistema educativo sigue siendo burocrático – centralista – positivista quien es el producto de la división internacional del trabajo del sistema-mundo capitalista:
El sistema educativo de Venezuela tradicionalmente ha reproducido el conocimiento científico y tecnológico de los países posindustriales; es decir, hay países centrales que generan teorías, modelos y tecnologías, y hay países periféricos que copian teorías y modelos, y por ende, deben conformarse con “comprar” tecnologías. Venezuela es un país consumidor de teorías, modelos y de tecnologías (antes eurocéntricas, ahora iraníes y chinas). De allí que el sistema educativo se centre en una educación bancaria, memorística y reproductora de conocimientos exógenos poco pertinentes con la realidad venezolana. El resultado es que no se le preste mayor atención a la formación de investigadores y tecnólogos en la educación primaria ni secundaria, recayendo esta función en las universidades y los institutos universitarios de tecnología.
Sin embargo, título en mano, son pocos los profesionales que se plantean como proyecto de vida la investigación y la innovación tecnológica, peor aún muestran desmotivación y repudio por esas actividades que muchas veces se califican como “poco lucrativas”, compartiendo esa etiqueta con el cultivo de las artes, el trabajo comunitario y, en ocasiones, con el deporte. La poca relevancia que los jóvenes profesionales le dan a la investigación, hunde más a la sociedad venezolana en la dependencia científico-tecnológica, y por extensión, en la dependencia económica e ideológica. Abriendo un poco más el foco en la problemática, se observa que en las universidades e institutos tecnológicos, la investigación tiene un marcado carácter burocrático como requisito obligatorio para titularse en el caso de los estudiantes, y como requisito para ascender en el caso de los profesores de instituciones públicas y autónomas. Bajo el enfoque de que es un requisito burocrático la formación profesional de investigadores se limita a impartir unidades curriculares aisladas y fragmentarias, sin mayor secuencia.
En el currículo manifiesto las unidades curriculares del componente de investigación –que generalmente son pocas-, tienen como finalidad el diseño y ejecución de un proyecto de investigación que se presentaría como Trabajo Especial de Grado. No obstante, la secuencia es poca en la mayoría de los casos, los estudiantes van aprobando las unidades curriculares (metodología de la investigación, estadística, seminario de investigación…) con profesores distintos, con paradigmas distintos e incluso contradictorios. El resultado es que los estudiantes no logran diseñar un proyecto de investigación y no desarrollan ni consolidan las competencias investigativas. Los estudiantes llegan así a su último semestre o año y se encuentran con que deben desarrollar un proyecto de investigación; pero usualmente no lo tienen o lo tienen débilmente estructurado, máxime, algunos arriban al final de sus carreras sin competencias básicas para la investigación como la redacción, el hábito lector, la representación gráfica, el análisis, la síntesis; entre otros, incluyendo actitudes como la planificación, la organización y la perseverancia.
Ante este situación compleja y desconocida se enfrenta la mayoría de los estudiantes, lo cual les causa desmotivación, estrés y hasta depresión. El sentimiento inicial es de soledad por cuanto son pocos los profesores dispuestos a asesorar y que realmente sean investigadores (la mayoría se centra en la docencia). Parte de esta soledad y angustia del graduando tesista también se vincula con la gestión del conocimiento, la mayoría de las instituciones carecen de organización de líneas de investigación, y otros potenciadores académicos como bibliotecas, archivos hemerográficos, acceso a internet, profesores expertos en áreas específicas, libros y materiales actualizados, salas de lecturas, laboratorios de computación, entre otros. Es evidente otra dimensión de la gestión de conocimiento: Muchos profesores de metodología de la investigación no son investigadores, en caso de serlo y estar formados en didáctica de la investigación, deben administrar grupos de estudiantes de entre veinticinco y hasta más de cincuenta, lo que hace difícil su intervención educativa, centrándose en un reducido grupo y descuidando a la mayoría.
Por parte de los graduandos, hay una primera etapa que es de paralización (shock). Pasada esta fase, las salidas que buscan los estudiantes ante esta difícil y desmotivante situación son diversas: Las más negativas son abandonar o posponer los estudios, o bien pagar a otra persona para que le elabore su Trabajo Especial de Grado. Quienes no tienen como opciones viables estas dos últimas se ven obligados a apoyarse en asesores o tutores “externos” ya sean familiares, conocidos o bien “pagar” por ese servicio que se supone debería brindarlo la institución. Otros que ni tienen el dinero ni el acceso social a estos expertos, deben asumir sus compromisos en solitario, apoyándose -cuando mucho- con compañeros más avezados. Cualquiera de estas vías seleccionadas generan un rechazo generalizado por la investigación y la innovación tecnológica. El resultado son trabajos de baja calidad o poca pertinencia, y lo peor, es que se desaprovechó tiempo, esfuerzo, recursos y talentos para generar conocimiento científico y tecnológico en aras del desarrollo del país; colocándonos continuamente, con cada acto de graduación, en el foso de la dependencia económica, científico-tecnológica, cultural e ideológica en el concierto del sistema-mundo capitalista.
Por eso no sorprende toparse con ingenieros taxistas, bionalistas devenidos a visitadores médicos, por mencionar los casos más emblemáticos. Los profesionales más exitosos son aquellos que pueden encontrar un empleo como simples operadores o adaptadores de conocimiento exógeno. Profesionales desempleados y pobres en un contexto geográfico rico y diverso, pero inútil sin capacidad emprendedora, creadora ni innovadora; cuya base es el talento investigativo.
El sistema educativo de Venezuela tradicionalmente ha reproducido el conocimiento científico y tecnológico de los países posindustriales; es decir, hay países centrales que generan teorías, modelos y tecnologías, y hay países periféricos que copian teorías y modelos, y por ende, deben conformarse con “comprar” tecnologías. Venezuela es un país consumidor de teorías, modelos y de tecnologías (antes eurocéntricas, ahora iraníes y chinas). De allí que el sistema educativo se centre en una educación bancaria, memorística y reproductora de conocimientos exógenos poco pertinentes con la realidad venezolana. El resultado es que no se le preste mayor atención a la formación de investigadores y tecnólogos en la educación primaria ni secundaria, recayendo esta función en las universidades y los institutos universitarios de tecnología.
Sin embargo, título en mano, son pocos los profesionales que se plantean como proyecto de vida la investigación y la innovación tecnológica, peor aún muestran desmotivación y repudio por esas actividades que muchas veces se califican como “poco lucrativas”, compartiendo esa etiqueta con el cultivo de las artes, el trabajo comunitario y, en ocasiones, con el deporte. La poca relevancia que los jóvenes profesionales le dan a la investigación, hunde más a la sociedad venezolana en la dependencia científico-tecnológica, y por extensión, en la dependencia económica e ideológica. Abriendo un poco más el foco en la problemática, se observa que en las universidades e institutos tecnológicos, la investigación tiene un marcado carácter burocrático como requisito obligatorio para titularse en el caso de los estudiantes, y como requisito para ascender en el caso de los profesores de instituciones públicas y autónomas. Bajo el enfoque de que es un requisito burocrático la formación profesional de investigadores se limita a impartir unidades curriculares aisladas y fragmentarias, sin mayor secuencia.
En el currículo manifiesto las unidades curriculares del componente de investigación –que generalmente son pocas-, tienen como finalidad el diseño y ejecución de un proyecto de investigación que se presentaría como Trabajo Especial de Grado. No obstante, la secuencia es poca en la mayoría de los casos, los estudiantes van aprobando las unidades curriculares (metodología de la investigación, estadística, seminario de investigación…) con profesores distintos, con paradigmas distintos e incluso contradictorios. El resultado es que los estudiantes no logran diseñar un proyecto de investigación y no desarrollan ni consolidan las competencias investigativas. Los estudiantes llegan así a su último semestre o año y se encuentran con que deben desarrollar un proyecto de investigación; pero usualmente no lo tienen o lo tienen débilmente estructurado, máxime, algunos arriban al final de sus carreras sin competencias básicas para la investigación como la redacción, el hábito lector, la representación gráfica, el análisis, la síntesis; entre otros, incluyendo actitudes como la planificación, la organización y la perseverancia.
Ante este situación compleja y desconocida se enfrenta la mayoría de los estudiantes, lo cual les causa desmotivación, estrés y hasta depresión. El sentimiento inicial es de soledad por cuanto son pocos los profesores dispuestos a asesorar y que realmente sean investigadores (la mayoría se centra en la docencia). Parte de esta soledad y angustia del graduando tesista también se vincula con la gestión del conocimiento, la mayoría de las instituciones carecen de organización de líneas de investigación, y otros potenciadores académicos como bibliotecas, archivos hemerográficos, acceso a internet, profesores expertos en áreas específicas, libros y materiales actualizados, salas de lecturas, laboratorios de computación, entre otros. Es evidente otra dimensión de la gestión de conocimiento: Muchos profesores de metodología de la investigación no son investigadores, en caso de serlo y estar formados en didáctica de la investigación, deben administrar grupos de estudiantes de entre veinticinco y hasta más de cincuenta, lo que hace difícil su intervención educativa, centrándose en un reducido grupo y descuidando a la mayoría.
Por parte de los graduandos, hay una primera etapa que es de paralización (shock). Pasada esta fase, las salidas que buscan los estudiantes ante esta difícil y desmotivante situación son diversas: Las más negativas son abandonar o posponer los estudios, o bien pagar a otra persona para que le elabore su Trabajo Especial de Grado. Quienes no tienen como opciones viables estas dos últimas se ven obligados a apoyarse en asesores o tutores “externos” ya sean familiares, conocidos o bien “pagar” por ese servicio que se supone debería brindarlo la institución. Otros que ni tienen el dinero ni el acceso social a estos expertos, deben asumir sus compromisos en solitario, apoyándose -cuando mucho- con compañeros más avezados. Cualquiera de estas vías seleccionadas generan un rechazo generalizado por la investigación y la innovación tecnológica. El resultado son trabajos de baja calidad o poca pertinencia, y lo peor, es que se desaprovechó tiempo, esfuerzo, recursos y talentos para generar conocimiento científico y tecnológico en aras del desarrollo del país; colocándonos continuamente, con cada acto de graduación, en el foso de la dependencia económica, científico-tecnológica, cultural e ideológica en el concierto del sistema-mundo capitalista.
Por eso no sorprende toparse con ingenieros taxistas, bionalistas devenidos a visitadores médicos, por mencionar los casos más emblemáticos. Los profesionales más exitosos son aquellos que pueden encontrar un empleo como simples operadores o adaptadores de conocimiento exógeno. Profesionales desempleados y pobres en un contexto geográfico rico y diverso, pero inútil sin capacidad emprendedora, creadora ni innovadora; cuya base es el talento investigativo.