miércoles, 26 de febrero de 2014

(Des) Vinculaciones entre la globalización y la nueva ruralidad.

            La globalización no es un fenómeno reciente, más bien pudiera asegurar que este evento nace con la humanidad. Este argumento lo hago sustentándome en las nuevas teorías antropológicas. Una de estas tesis sostiene que el homo sapiens sapiens sobrevivió a un congelamiento glaciar  y luego a una gran sequía, hazaña que el homo neandertal no pudo alcanzar. Otra tesis, sostiene que una vez que el homo sapiens sapiens (el ser humano actual) pudo sobrevivir en el reducto que la naturaleza le dejó al sur del África, se expandió poco a poco a todos los continentes del planeta y fue sometiendo a los pequeños grupos de neandertales que quedaban, integrándolos a sus modos de existencia.
            De esta forma,  me atrevo a decir que el hombre desde su origen sintió y abordó al  mundo como una totalidad, las fronteras y los límites vinieron mucho después, una vez que las sociedades se hicieron sedentarias y se comenzaron a conformar las civilizaciones imperiales.
La globalización como intercambio global de mercancías, bienes, ideas  y culturas no es nada nuevo. Este proceso social,  a mi manera de ver, se ha hecho y repetido a lo largo de la historia, unas veces conducido por una o pocas potencias y otras veces de forma equilibrada y negociada; el problema es que quedó registrada la historia de los procesos hegemónicos, ya que los reyes y emperadores ególatras se encargaron de dejar memoria de sus hazañas, de sus conquistas y es así como lo conocemos el día de hoy.
            Muchas sociedades y culturas han sido producto del intercambio comercial y cultural negociado y equilibrado, los estudios antropológicos recientes han descubierto cómo la cultura china y la europea tuvieron contacto desde la Edad Antigua y dieron origen a las etnias y sociedades del Caucásico y el Asia Meridional; cuando hasta ahora se creía que este contacto se produjo apenas con los viajes de Marco Polo.  En América, antes de la Conquista Española, muchas sociedades indígenas realizaban un equitativo intercambio comercial, por ejemplo, los productos agrícolas de las etnias de Los Andes eran intercambiados con los productos pesqueros de las etnias del  Mar Caribe en aparente armonía y beneficio mutuo.
            En este contexto, sólo sabemos con detalle cómo el Imperio Egipcio, el Romano, el Mesopotámico y el Chino impusieron su cultura y sus intereses comerciales a gran cantidad de pueblos. Alejandro Magno impuso y propagó la cultura helénica al entorno macedónico y hacia el Oriente. Siglos después Roma asume la cultura griega y la difumina por toda Europa, Norte de África y Asia; y es gracias a todo esto, y en especial a Alejandro Magno que hoy 2.500 años después estoy escribiendo este ensayo tratando de cumplir con la lógica aristotélica.  
            Aunque estas son mis divagaciones sobre el tema, para algunos la globalización se gestó con el capitalismo, cuando los comerciantes extra burgos, a finales de la Edad Media, comenzaron a romper fronteras, lo que produjo más tarde la conquista europea de América, África y Asia, imponiendo su cultura, su cosmovisión, sus ideas, su economía de una forma brutal a multiplicidad de sociedades y etnias de todo el globo. Para Halperin Dongui (1990) América Latina nace globalizada, pues el Imperio Español y el Imperio Portugués construyeron sus colonias sobre la base de un comercio mundial: con una fórmula simple, las colonias producían y las metrópolis consumían; el sobrante se podía comerciar al interior del Imperio en el ámbito global.
            Sin embargo sigo insistiendo que la globalización, entendida como un intercambio mundial de productos, mercancías, ideas y culturas no es nuevo, sólo que ahora, como muchas veces en la historia,  está conducido por fuerzas hegemónicas, sólo que ahora alcanza mayores proporciones gracias a las nuevas tecnologías y se le añade el intercambio y la fluidez global de capitales. Para mí la globalización es un hecho social, sólo que ahora se entiende bajo una cosmovisión específica como lo es la capitalista y es la que se ha impuesto recientemente. Es por eso que varios autores diferencian globalización (como proceso hegemónico ideológico capitalista) de mundialización proceso histórico trascendente de intercambio cultural que hoy en día ha alcanzado dimensiones planetarias.  
            Argumento mi idea de mundialización como un hecho social porque no sólo son los capitales los que se están globalizando: el terrorismo, el consumo de drogas, la pornografía y muchos otros eventos y procesos que son buenos o malos desde el punto de vista que se le observe. La globalización desde una perspectiva neomarxista es una fase más del capitalismo, conducido por pequeñas élites económicas, concentradas en las multinacionales en coordinación con países poderosos como Estados Unidos, Japón y las naciones que conforman la Unión Europea. Estoy de acuerdo en este aspecto, pero insisto que ése es sólo un  modelo o una visión del evento mundialización, que se quiere imponer como el verdadero y el posible, por ello se le ha categorizado como globalización, dejando el término mundialización al proceso histórico sin la carga ideológica del capitalismo avanzado.
            Se quiere hacer ver que la globalización es netamente económica y que el curso que está tomando actualmente, es el único y no hay más opciones. Pero a esta visión de globalización, desde mi punto de vista,  se le ven demasiadas costuras, y muchas contradicciones, las cuales pude observar al tratar de vincularlo con la Nueva Ruralidad. Por eso me decido por el método dialéctico a fin de develar dichas contradicciones en este modelo capitalista mundial que trata de ganarse la autoría y la patente de la mundialización, el cual es una característica de la humanidad misma y evento natural y necesario.
            Es así como estoy muy de acuerdo con Halperín Dongui (1990) cuando sostiene que América Latina nació ligada al comercio mundial, pero más específicamente al comercio europeo. Este autor señala que los productos y las rutas comerciales de las colonias fueron diseñadas de acuerdo a los intereses metropolitanos, lo cual no varió luego de la independencia y luego de la Primera Guerra Mundial, a esto Halperin Dongui le llama el Primer, Segundo y Tercer orden colonial (a estos dos últimos habría que decirles neocoloniales). La ruptura de esta secuencia de órdenes viene con la sustitución de importaciones después de la Segunda Guerra Mundial en la cual los países latinoamericanos comenzaron a producir sus propios alimentos, levanta sus propias industrias sin descuidar la provisión de materia prima a los países desarrollados.
            Y es que la postrimería  de la Segunda Guerra Mundial es el punto culminante de la desaceleración del proceso de globalización que se gestó cuando los Imperios Europeos perdieron sus colonias en el siglo XIX. Con la imposición de la absurda Guerra Fría y la consolidación del Estado Nacional se llenó al planeta de límites y fronteras, lo cual a su vez trajo guerras y crímenes étnicos. El Estado nacional se impuso como única realidad donde estas entidades ficticias trataron de sostener a sociedades con un desarrollo hacia adentro. Por eso al caer la Guerra Fría con la Perestroika y la caída del Muro de Berlín en la década de los ochenta, se observa a la globalización como un fenómeno novedoso, pero para mí no lo es.
            Simplemente las sociedades, no resistieron la camisa de fuerza del Estado nacional y lo absurdo de una Guerra Fría y de un mundo hiper fragmentado. Así  se vio la necesidad de bajar las fronteras, de aumentar el intercambio comercial, de dialogar con nuevas  ideas y de abordar los problemas con un sentido mundial.
            Aunque mi postura parezca idealista (y no me ofende el hecho que alguien piense de esa forma), lo que sucede es que simplemente los más poderosos se han aprovechado de la gran confusión que ha traído el cese de las ideologías políticas (esto es lo que algunos llaman la muerte del socialismo y el triunfo del capitalismo como único camino y verdad). El derribamiento de las barreras arancelarias se ha hecho bajo la hegemonía y de acuerdo a los intereses de Estados Unidos, la Unión Europea y Japón,  a través de sus instrumentos jurídicos – políticos como la OMC, el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, aplicando, una vez más, como lo han venido haciendo desde el siglo XIX, su modo de vida y  su cosmovisión a una multiplicidad de sociedades y etnias.
            La imposición de su cultura trae consigo la imposición de sus rutas comerciales, los alimentos que se deben consumir, quién los produce, cómo y cuándo. La tendencia de las multinacionales es a unirse, son enormes y pocas las industrias agroalimentarias en el ámbito mundial, las cuales han instaurado la tecnología para la agricultura, sino que su monopolio va desde la patente de la semilla (material transgénico) hasta la comercialización y el precio final del producto. Es aquí donde se observa la mayor contradicción de la globalización y el concepto de Nueva Ruralidad.
            La Nueva Ruralidad,  sostiene el discurso de los entes multinacionales debe ser entendida desde el punto de vista del desarrollo sostenible. Para el Instituto Interamericano de Cooperación Agrícola (IICA) (2000) el desarrollo rural sostenible se entiende como un “Proceso de transformación de las sociedades rurales y sus unidades territoriales, centrado en las personas, participativo, con políticas específicas dirigida a la superación de los desequilibrios sociales, económicos, institucionales, ecológicos y de género, que busca ampliar las oportunidades de desarrollo humano” (p. 15).
            La nueva ruralidad también intenta preservar y afianzar el patrimonio cultural de la diversidad de las sociedades rurales del mundo, la cual debe integrarse al aprovechamiento racional de recursos. 
Pero esta aproximación de la nueva ruralidad es contradictoria con el proceso actual de globalización monopolizado en cuanto a la producción de alimentos de unas pocas multinacionales y de acuerdo a los interese de los países más poderosos.
. A continuación expondré las contradicciones que a mi modo de ver saltan a la vista.
            En primer lugar, la nueva ruralidad pretende mantener y consolidar las culturas que se ha preservado por centurias y milenios en las regiones rurales del mundo, pero la globalización hegemónica capitalista actual, por el contrario trata de instaurar una cultura consumista, cosmopolita, citadina  y homogénea que poco tiene que ver con la mayoría de las cultura rurales caracterizadas por una riqueza y un apego a lo agrícola.
            En segundo lugar, la participación y el protagonismo de los productores agrícolas se ve disminuida y bloqueada por el juego monopólico de las multinacionales (en coordinación con la OMC, FMI y BM) que imponen los circuitos agroalimentarios, el tipo de producto a producir, la semilla y los estándares de calidad.
            El diseño de políticas dirigidas al financiamiento de empresas agrícolas para subsanar la exclusión social a través de una reactivación económica y generación de empleos representa para mí la mayor contradicción: Pues el Estado nacional junto con la sociedad civil rural es quien debe diseñar esta política para integrar las nuevas unidades territoriales, a través de subsidios, financiación, capacitación y asistencia técnica; pero paradójicamente el proceso de liberalización económica actual apunta hacia una dirección contraria: La desregulación estatal y pública, es decir, que el Estado quede fuera del proceso.
Y es esto lo que la mayoría de los Estados latinoamericanos han hecho, dejando a las provincias rurales desprovistas de políticas armónicas, coherentes y pertinentes; quedando a merced de las decisiones e imposiciones de las trasnacionales agroalimentarias. El resultado es mayor pobreza, emigración a la ciudad, y deterioro del ambiente debido al afán de competir en el mercado internacional y nacional de alimentos; y por la introducción de semillas transgénicas no pertinentes con las condiciones ambientales nuestras.
En este sentido la globalización, como se está llevando actualmente irrespeta las culturas y modos de vida de multiplicidad de regiones rurales y las hunde aún mucho más en la pobreza, toda vez que la asistencia y transferencia tecnológica no llega ni por parte del Estado, ni las trasnacionales, ni por los organizamos internacionales caracterizados por su ineficiencia burocrática.

Estoy de acuerdo con el concepto de ruralidad, pero creo que es necesario llevar las comunidades rurales asistencia para que creen su propia tecnología agrícola, señalen su propia idea de desarrollo y prosperidad y en este sentido se organicen sin perder de vista su cultura, su contexto socio geográfico, su historia y los procesos de mundialización, sacándole el mejor provecho y minimizando sus efectos negativos. Para ello es necesaria la financiación y el aporte de la infraestructura necesaria. En este particular, las universidades y los institutos de educación tecnológica, a mi modo de ver, son los entes llamados a realizar estos cambios, a ejecutar la nueva ruralidad bridándole la asistencia a las comunidades rurales en su propia interpretación y en su re ordenamiento frente a los fenómenos globales sin perder de vista su propia razón de ser y no la de los interese de pequeñas élites políticas – económicas trasnacionalizadas.    

lunes, 17 de febrero de 2014

La politología: Necesario lugar común de los venezolanos

       Sorprende la deficiente y distorsionada lectura que los líderes de Venezuela le dan a la realidad política nacional. El discurso está agotado y la metáfora de la polarización ya luce vencida y deshilachada. Nunca antes un presidente había tenido la oportunidad actual: La mayoría de la población conoce las causas de los problemas económicos, políticos, sociales y éticos, es decir, se cuenta con un escenario inmejorable para aplicar los correctivos necesarios con un amplio margen de consenso y legitimidad. Pero el presidente ni su gabinete son los únicos miopes frente a la complejidad de la situación con sus limitantes y oportunidades. Sigue siendo lamentable y un tanto vergonzoso el excesivo pragmatismo de la oposición, la cual luce un tanto desunida y sin un planteamiento serio para transformar al país desde perspectivas distintas a las del actual gobierno. No menos infelices son las declaraciones de la Conferencia Episcopal Venezolana ante la propuesta del matrimonio igualitario y ante el clima de inseguridad que ya penetró los recintos eclesiásticos cobrando la vida de dos sacerdotes salesianos. Ni hablar del desgastado y obsoleto discurso de las autoridades universitarias, de los empresarios...
     Parece que el país va por un lado y los líderes van por otro, tan distinto que raya en lo opuesto. No podemos seguir optando por un populismo exacerbado de corte militarista y una oposición que pretende volver a 1999 como si aquí nada ha pasado.  Los señores de la revolución bonita  no parecen  haber notado los errores que se han cometido y la reproducción de los vicios de la democracia representativa que tanto criticaron. Los líderes oposicionistas no reconocen los aciertos del proceso, siendo el más visible la conciencia despertada en el poder comunal organizado. La conciencia histórica en nuestros líderes no sabemos donde está. El país no se puede gobernar ni con excesos ideológicos ni con pragmatismos a ultranza. La ponderación, el equilibrio y el punto medio parecen no ser una virtud en esta Venezuela siendo percibidos la negociación y el consenso como debilidades. Si esto es así.  ¿desde cuándo estamos en guerra?
     Y es que la politología a casi treinta años en el país no ha sabido ocupar y ganarse el lugar de respeto  que merece. Los politólogos y las politólogas no hemos ocupado el espacio que nos corresponde como asesores de las instituciones privadas y públicas del país. Si bien es cierto que muchos de mis colegas en cargos de asesores no se desempeñaron bien, no es justo que ahora todos quedemos invisibilizados por unos pocos. Los politólogos somos los llamados a asesorar a los partidos políticos, el gobierno, los empresarios, las organizaciones religiosas, las universidades y los gremios para ayudarles a leer la realidad política mundial - regional - nacional y local de forma holística. Yo pude desempeñar bien ese rol desde el sector comunitario pero como voluntario. Tampoco es justo que se nos considere cuando no pedimos honorarios profesionales, no obstante, cuando exigimos ese derecho comienzan a omitirnos alegando incapacidad presupuestaria, aunque muchas instituciones sí tienen partidas para costear servicios de analistas extranjeros que desconocen la realidad latinoamericana y venezolana; por eso han traído recetas dañinas como la escisión electoral de 1998 de resentimiento contra miedo, una de las causas de la metáfora de la polarización política que hemos decidido vivir y aceptar sin más ni menos durante quince años. Es hora de unirnos como gremio y exigir nuestro espacio porque ya es necesario, somos los asesores para lograr más atino de los líderes de nuestra sociedad, nos hemos preparado para ello y si la sociedad no nos considera pertinentes quizás sea porque como gremio profesional hemos fallado ¿Dónde está el Colegio de Politólogos de Venezuela al que pertenezco y del cual me quedó solo un carnet de recuerdo?
      Quiero acotar además que el rol de asesor político solo es un campo laboral de la ciencia política, también somos educadores y socializadores políticos, función social necesaria en Venezuela cuando todos los expertos coinciden en la urgente prioridad de construir ciudadanía y  republicanos para dejar de ser meros habitantes. Hay un terreno ganado, pero no es suficiente, la sociedad nos reclama y cuando escogimos ser politólogos es porque teníamos un don de servicio, pero valorándonos y haciéndonos valorar. ¿Por qué si un médico es mediocre no se generaliza ni se responsabiliza a todo el gremio de la salud? ¿Por qué hemos permitido que nos estereotipen y por qué hemos consentido que otros profesionales ocupen nuestros espacios naturales?
      La sociedad necesita de nuestros servicios, demostremos que podemos servir y lograr la Venezuela pacífica y próspera que todos deseamos.