La globalización no es un fenómeno
reciente, más bien pudiera asegurar que este evento nace con la humanidad. Este
argumento lo hago sustentándome en las nuevas teorías antropológicas. Una de
estas tesis sostiene que el homo sapiens
sapiens sobrevivió a un congelamiento glaciar y luego a una gran sequía, hazaña que el homo neandertal no pudo alcanzar. Otra
tesis, sostiene que una vez que el homo
sapiens sapiens (el ser humano actual) pudo sobrevivir en el reducto que la
naturaleza le dejó al sur del África, se expandió poco a poco a todos los
continentes del planeta y fue sometiendo a los pequeños grupos de neandertales que
quedaban, integrándolos a sus modos de existencia.
De esta forma, me atrevo a decir que el hombre desde su
origen sintió y abordó al mundo como una
totalidad, las fronteras y los límites vinieron mucho después, una vez que las
sociedades se hicieron sedentarias y se comenzaron a conformar las
civilizaciones imperiales.
La globalización como intercambio global de mercancías, bienes, ideas y culturas no es nada nuevo. Este proceso
social, a mi manera de ver, se ha hecho
y repetido a lo largo de la historia, unas veces conducido por una o pocas
potencias y otras veces de forma equilibrada y negociada; el problema es que
quedó registrada la historia de los procesos hegemónicos, ya que los reyes y
emperadores ególatras se encargaron de dejar memoria de sus hazañas, de sus
conquistas y es así como lo conocemos el día de hoy.
Muchas sociedades y culturas han
sido producto del intercambio comercial y cultural negociado y equilibrado, los
estudios antropológicos recientes han descubierto cómo la cultura china y la europea
tuvieron contacto desde la Edad Antigua y dieron origen a las etnias y
sociedades del Caucásico y el Asia Meridional; cuando hasta ahora se creía que
este contacto se produjo apenas con los viajes de Marco Polo. En América, antes de la Conquista Española,
muchas sociedades indígenas realizaban un equitativo intercambio comercial, por
ejemplo, los productos agrícolas de las etnias de Los Andes eran intercambiados
con los productos pesqueros de las etnias del
Mar Caribe en aparente armonía y beneficio mutuo.
En este contexto, sólo sabemos con
detalle cómo el Imperio Egipcio, el Romano, el Mesopotámico y el Chino
impusieron su cultura y sus intereses comerciales a gran cantidad de pueblos.
Alejandro Magno impuso y propagó la cultura helénica al entorno macedónico y
hacia el Oriente. Siglos después Roma asume la cultura griega y la difumina por
toda Europa, Norte de África y Asia; y es gracias a todo esto, y en especial a Alejandro
Magno que hoy 2.500 años después estoy escribiendo este ensayo tratando de
cumplir con la lógica aristotélica.
Aunque estas son mis divagaciones
sobre el tema, para algunos la globalización se gestó con el capitalismo,
cuando los comerciantes extra burgos, a finales de la Edad Media, comenzaron a
romper fronteras, lo que produjo más tarde la conquista europea de América,
África y Asia, imponiendo su cultura, su cosmovisión, sus ideas, su economía de
una forma brutal a multiplicidad de sociedades y etnias de todo el globo. Para Halperin
Dongui (1990) América Latina nace globalizada, pues el Imperio Español y el
Imperio Portugués construyeron sus colonias sobre la base de un comercio
mundial: con una fórmula simple, las colonias producían y las metrópolis
consumían; el sobrante se podía comerciar al interior del Imperio en el ámbito
global.
Sin embargo sigo insistiendo que la
globalización, entendida como un intercambio mundial de productos, mercancías,
ideas y culturas no es nuevo, sólo que ahora, como muchas veces en la historia,
está conducido por fuerzas hegemónicas,
sólo que ahora alcanza mayores proporciones gracias a las nuevas tecnologías y
se le añade el intercambio y la fluidez global de capitales. Para mí la
globalización es un hecho social, sólo que ahora se entiende bajo una
cosmovisión específica como lo es la capitalista y es la que se ha impuesto recientemente.
Es por eso que varios autores diferencian globalización (como proceso
hegemónico ideológico capitalista) de mundialización proceso histórico
trascendente de intercambio cultural que hoy en día ha alcanzado dimensiones
planetarias.
Argumento mi idea de mundialización
como un hecho social porque no sólo son los capitales los que se están globalizando:
el terrorismo, el consumo de drogas, la pornografía y muchos otros eventos y
procesos que son buenos o malos desde el punto de vista que se le observe. La
globalización desde una perspectiva neomarxista es una fase más del
capitalismo, conducido por pequeñas élites económicas, concentradas en las
multinacionales en coordinación con países poderosos como Estados Unidos, Japón
y las naciones que conforman la Unión Europea. Estoy de acuerdo en este
aspecto, pero insisto que ése es sólo un modelo o una visión del evento mundialización,
que se quiere imponer como el verdadero y el posible, por ello se le ha
categorizado como globalización, dejando el término mundialización al proceso
histórico sin la carga ideológica del capitalismo avanzado.
Se quiere hacer ver que la
globalización es netamente económica y que el curso que está tomando
actualmente, es el único y no hay más opciones. Pero a esta visión de
globalización, desde mi punto de vista,
se le ven demasiadas costuras, y muchas contradicciones, las cuales pude
observar al tratar de vincularlo con la Nueva Ruralidad. Por eso me decido por
el método dialéctico a fin de develar dichas contradicciones en este modelo capitalista
mundial que trata de ganarse la autoría y la patente de la mundialización, el
cual es una característica de la humanidad misma y evento natural y necesario.
Es así como estoy muy de acuerdo con
Halperín Dongui (1990) cuando sostiene que América Latina nació ligada al
comercio mundial, pero más específicamente al comercio europeo. Este autor
señala que los productos y las rutas comerciales de las colonias fueron
diseñadas de acuerdo a los intereses metropolitanos, lo cual no varió luego de
la independencia y luego de la Primera Guerra Mundial, a esto Halperin Dongui
le llama el Primer, Segundo y Tercer orden colonial (a estos dos últimos habría
que decirles neocoloniales). La ruptura de esta secuencia de órdenes viene con
la sustitución de importaciones después de la Segunda Guerra Mundial en la cual
los países latinoamericanos comenzaron a producir sus propios alimentos, levanta
sus propias industrias sin descuidar la provisión de materia prima a los países
desarrollados.
Y es que la postrimería de la Segunda Guerra Mundial es el punto
culminante de la desaceleración del proceso de globalización que se gestó
cuando los Imperios Europeos perdieron sus colonias en el siglo XIX. Con la
imposición de la absurda Guerra Fría y la consolidación del Estado Nacional se
llenó al planeta de límites y fronteras, lo cual a su vez trajo guerras y
crímenes étnicos. El Estado nacional se impuso como única realidad donde estas
entidades ficticias trataron de sostener a sociedades con un desarrollo hacia
adentro. Por eso al caer la Guerra Fría con la Perestroika y la caída del Muro
de Berlín en la década de los ochenta, se observa a la globalización como un
fenómeno novedoso, pero para mí no lo es.
Simplemente las sociedades, no
resistieron la camisa de fuerza del Estado nacional y lo absurdo de una Guerra
Fría y de un mundo hiper fragmentado. Así se vio la necesidad de bajar las fronteras, de
aumentar el intercambio comercial, de dialogar con nuevas ideas y de abordar los problemas con un
sentido mundial.
Aunque mi postura parezca idealista
(y no me ofende el hecho que alguien piense de esa forma), lo que sucede es que
simplemente los más poderosos se han aprovechado de la gran confusión que ha
traído el cese de las ideologías políticas (esto es lo que algunos llaman la
muerte del socialismo y el triunfo del capitalismo como único camino y verdad).
El derribamiento de las barreras arancelarias se ha hecho bajo la hegemonía y
de acuerdo a los intereses de Estados Unidos, la Unión Europea y Japón, a través de sus instrumentos jurídicos –
políticos como la OMC, el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, aplicando,
una vez más, como lo han venido haciendo desde el siglo XIX, su modo de vida y su cosmovisión a una multiplicidad de
sociedades y etnias.
La imposición de su cultura trae
consigo la imposición de sus rutas comerciales, los alimentos que se deben
consumir, quién los produce, cómo y cuándo. La tendencia de las multinacionales
es a unirse, son enormes y pocas las industrias agroalimentarias en el ámbito
mundial, las cuales han instaurado la tecnología para la agricultura, sino que
su monopolio va desde la patente de la semilla (material transgénico) hasta la
comercialización y el precio final del producto. Es aquí donde se observa la
mayor contradicción de la globalización y el concepto de Nueva Ruralidad.
La Nueva Ruralidad, sostiene el discurso de los entes
multinacionales debe ser entendida desde el punto de vista del desarrollo
sostenible. Para el Instituto Interamericano de Cooperación Agrícola (IICA)
(2000) el desarrollo rural sostenible se entiende como un “Proceso de
transformación de las sociedades rurales y sus unidades territoriales, centrado
en las personas, participativo, con políticas específicas dirigida a la
superación de los desequilibrios sociales, económicos, institucionales,
ecológicos y de género, que busca ampliar las oportunidades de desarrollo
humano” (p. 15).
La nueva ruralidad también intenta
preservar y afianzar el patrimonio cultural de la diversidad de las sociedades
rurales del mundo, la cual debe integrarse al aprovechamiento racional de
recursos.
Pero esta aproximación de la nueva ruralidad es contradictoria con el
proceso actual de globalización monopolizado en cuanto a la producción de
alimentos de unas pocas multinacionales y de acuerdo a los interese de los
países más poderosos.
. A continuación expondré las contradicciones que a mi modo de ver saltan
a la vista.
En primer lugar, la nueva ruralidad
pretende mantener y consolidar las culturas que se ha preservado por centurias
y milenios en las regiones rurales del mundo, pero la globalización hegemónica
capitalista actual, por el contrario trata de instaurar una cultura consumista,
cosmopolita, citadina y homogénea que poco
tiene que ver con la mayoría de las cultura rurales caracterizadas por una
riqueza y un apego a lo agrícola.
En segundo lugar, la participación y
el protagonismo de los productores agrícolas se ve disminuida y bloqueada por
el juego monopólico de las multinacionales (en coordinación con la OMC, FMI y
BM) que imponen los circuitos agroalimentarios, el tipo de producto a producir,
la semilla y los estándares de calidad.
El diseño de políticas dirigidas al financiamiento
de empresas agrícolas para subsanar la exclusión social a través de una
reactivación económica y generación de empleos representa para mí la mayor
contradicción: Pues el Estado nacional junto con la sociedad civil rural es
quien debe diseñar esta política para integrar las nuevas unidades
territoriales, a través de subsidios, financiación, capacitación y asistencia
técnica; pero paradójicamente el proceso de liberalización económica actual
apunta hacia una dirección contraria: La desregulación estatal y pública, es
decir, que el Estado quede fuera del proceso.
Y es esto lo que la mayoría de los Estados latinoamericanos han hecho,
dejando a las provincias rurales desprovistas de políticas armónicas,
coherentes y pertinentes; quedando a merced de las decisiones e imposiciones de
las trasnacionales agroalimentarias. El resultado es mayor pobreza, emigración
a la ciudad, y deterioro del ambiente debido al afán de competir en el mercado
internacional y nacional de alimentos; y por la introducción de semillas
transgénicas no pertinentes con las condiciones ambientales nuestras.
En este sentido la globalización, como se está llevando actualmente
irrespeta las culturas y modos de vida de multiplicidad de regiones rurales y
las hunde aún mucho más en la pobreza, toda vez que la asistencia y
transferencia tecnológica no llega ni por parte del Estado, ni las
trasnacionales, ni por los organizamos internacionales caracterizados por su
ineficiencia burocrática.
Estoy de acuerdo con el concepto de ruralidad, pero creo que es necesario
llevar las comunidades rurales asistencia para que creen su propia tecnología
agrícola, señalen su propia idea de desarrollo y prosperidad y en este sentido
se organicen sin perder de vista su cultura, su contexto socio geográfico, su
historia y los procesos de mundialización, sacándole el mejor provecho y minimizando
sus efectos negativos. Para ello es necesaria la financiación y el aporte de la
infraestructura necesaria. En este particular, las universidades y los institutos
de educación tecnológica, a mi modo de ver, son los entes llamados a realizar
estos cambios, a ejecutar la nueva ruralidad bridándole la asistencia a las
comunidades rurales en su propia interpretación y en su re ordenamiento frente
a los fenómenos globales sin perder de vista su propia razón de ser y no la de
los interese de pequeñas élites políticas – económicas trasnacionalizadas.