lunes, 5 de diciembre de 2016

El sueño kasándrico de un politólogo monovidente sobre una mesa de diálogo nacional


     Desde hace más de diez años he tenido un sueño consciente recurrente donde soy mediador de una mesa de diálogo nacional. Pero esa mesa de diálogo nacional de mi sueño ha sido muy distinta por las planteadas hasta ahora, en varias ocasiones en Venezuela. En mi sueño en la mesa de diálogo no solo están los representantes del “gobierno” y la “oposición”, ahora la “¿Mesa? de la Unidad”. Y es que en mi mesa de diálogo, cual mesa comensal, además de cierta cordialidad y disposición a llegar a acuerdos mínimos, está presente la mayoría de los sectores y grupos sociales de Venezuela, así como las principales figuras públicas; es decir, están los grupos de intelectuales de todos los géneros y órdenes, las universidades, los movimientos sociales, los “colectivos”, las distintas iglesias con sus representantes jerárquicos y con sus organizaciones de base, las organizaciones de productores agrícolas, las agrupaciones de empresarios e industriales, los gremios y asociaciones profesionales, de obreros y de oficios; sí porque hasta organizaciones de productores y artesanos del vidrio hay en mi país.
    Ver a Venezuela como un país que se complejizó, un país diverso, agrupado por sectores y grupos sociales distintos y diferentes, en todos los órdenes imaginados e insospechados no es la mirada de nuestros ¿líderes? políticos y al parecer tampoco ni de la Fundación Carter, ni la OEA, ni Unasur. Quizás ellos no han leído a Jacques Rancière, pero yo como científico social sí, algunos de sus escritos, o un par, mejor dicho. Para este autor pueblo no es una masa de personas muy quietas esperando ser representadas por unos pocos señores y señoras, no es una especie de almas en pena a la espera de que bajen algunos Hermes de allá del olimpo a interpretar sus necesidades, intereses y expectativas. No. Rancière asume que pueblo es un proceso permanente de surgimiento de subjetividades, es decir, cada día, cada hora, surge un grupo de ciudadanos reclamando su lugar en el espacio público, con demandas nuevas e insospechadas, o quizás con reivindicaciones tradicionales, pero hasta ahora no otorgadas.
    De esa concepción de pueblo viene entonces la definición de política. Para Rancière política es justamente cómo se dialoga y se acuerda esa diferencia, y cómo permanentemente se logra o se intenta aproximar a la equidad y a la igualdad. En este caso la mesa de diálogo es algo permanente, y se convertiría en lo que para los idiomas anglos es policía, y en español sería “políticas públicas”. [Cabe apuntar que el informe de Almagro sobre los derechos humanos en Venezuela se cuestionó porque era un cúmulo de peticiones sobre la necesidad de políticas públicas y no era un informe de violación de derechos humanos ¿¿¿??? Señores de la OEA, con todo respeto échenle un vistazo no a un twitter, sino a Rancière].
     Según este autor política es trabajar diariamente la diferencia, verla, reconocerla, visibilizarla y en función de ello, litigarla, llegar a acuerdos. Dussel va más allá y habla de distinción, más allá de lo diferente. Donde no haya litigio no hay política, y, por consiguiente, aún menos democracia. Donde la diferencia no se litigue, y se ignore la diferencia hay una distorsión de la política, Rancière propone tres formas generales (tipos ideales) de distorsiones de política: la arquipolítica, la parapolítica y la metapolítica. De acuerdo a mi análisis Venezuela está en la actualidad más cercana al tipo tres, la metapolítica con elementos de los dos tipos anteriores. La metapolítica es justamente simular que hay política, simular que hay acuerdo, que existe una dialéctica; pero en realidad no lo hay, es centrar la política en el discurso en el debate, pero sin llegar a acuerdos ni resultados. A mi modo de ver las Tics y las redes sociales, se han convertido en un espacio público 2.0 donde se simula política y democracia, pero en realidad no la hay; es decir, la metapolítica pareciera estar a la orden del día…
   Y oh sorpresa, los ciudadanos colombianos no refrendaron un acuerdo para el cual no fueron convidados y los Hermes debatieron y litigaron a nombre de ellos, y Donald Trump gana las elecciones de forma sorpresiva porque resulta que en Estados Unidos había más diferencias y grupos distintos coexistiendo de lo que se creía, o quizás ya no es el “latino” o los afroamericanos quienes se sienten minorías, sino el blanco que después de 2009 se siente pobre y tal vez no escuchado…
     Volviendo al caso de Venezuela y a mi sueño de la mesa nacional de diálogo, yo sueño que llaman a las universidades, a los profesionales no comprometidos con partidos políticos y nosotros somos los mediadores, entonces a mí me toca coordinar, de entre muchas mesas, la mesa de los artistas y los promotores culturales, porque vino la OEA o la Unasur y solicitó currículos  y observó que tengo potencial de mediador, que mi currículo demuestra liderazgo y construcción de equipos de trabajo diverso, me preguntan y yo sugiero que puedo mediar entre los artistas y los promotores culturales, porque mi padre era artista, porque estoy haciendo una tesis doctoral y mis principales informantes son promotores culturales de un contexto que está pasando de rural a urbano… Sueños pendejos de uno, pensando y teniendo en cuenta siempre que es justo y pertinente devolverle a la sociedad el conocimiento que te permitió construir.  
    Y así como yo, sueño que hay muchos profesionales con mis características, con coincidencias y diferencias e incluso mediadores distintos a mí. La principal coincidencia es que somos muy operativos, nada burocráticos, idealistas y soñadores pero capaces de cristalizar y hacer realidad esos sueños, artesanos políticos, pues. A veces me pongo a cuestionarme porqué sueño tanto y cosas tan, tan, tan allá que parecen menos que realizables, sobre todo cuando todos los días debo esperar en cola hasta más de una hora solo para salir del urbanismo donde vivo que ya se parece a un barrio. Y soñar tanto duele con la realidad que te impone la falta de alimento y una inflación que dejó de ser galopante y se convirtió en cohete interestelar.
     Me siento a veces como Kasandra viendo un futuro y una posibilidad en la que nadie cree. Pero me subyuga pensar que quizás ese sueño se haga realidad pero impuesto por hechos catastróficos. Espero que no tengamos en Venezuela que llegar a un punto de guerra o catástrofe para poder montarnos en una verdadera mesa de diálogo nacional, diversa, diferente y distinta. Escuché alguna vez que los monovidentes tenemos la habilidad de ir un pasito más adelante que el resto, que esa discapacidad activa no sé cuál sinapsis neuronal disntinta, también un amigo psicólogo con ternura me señala que mis sueños subconscientes recurrentes acerca de mi ciudad visualizándola y recreándola más limpia, más ordenada, más ecológica, y no necesariamente más avanzada tecnológicamente, explica por qué decidí hacer profesión en una carrera tan subvalorada y prostituida siendo niña como lo es la politología…
   ¿Qué cosas no? diría Kiko. Mientras, seguiré soñando y transformando muy localmente y parroquialmente los cambios en pos de mis sueños en el reducido espacio que me da la universidad, aunque no lo crean, tengo seguidores, la mayoría algo confusos entre seguirme o hacer la cola para la bolsa de gobierno que No las regala sino que se paga, o el emigrar a otro país, o el despedir a quienes se van en aviones más repletos de estampida que de proyectos de vida.
      Ese sueño hecho realidad se llama GI-Alterlatino y ya tenemos dos libros digitales, un proyecto aprobado por el CDCH-UC pero sin dinero porque financiamiento no hay, un Sendero Interpretativo Universitario que ha visibilizado las obras descuidadas de mi campo universitario y que de servicio comunitario pronto pasará a programa de extensión. Todo autogestionado, porque escasamente tengo un escritorio que llaman cubículo sin computadora en la casa de estudios donde laboro. Yo seguiré soñando y construyendo, tratando de convencer, aunque la realidad me siga imponiendo otra cosa. Por algo soy monovidente y aún me hago denominar politólogo…y venezolano…