jueves, 10 de abril de 2014

Venezuela: Porque somos es como estamos (Parece simple pero no lo es).


Escenario: Universidad privada. Situación: Fui al cafetín a desayunar porque los estudiantes se retardaron para el encuentro pautado. El mostrador estaba solo, unos estudiantes esperaban a que los terminaran de atender, la dueña-vendedora les trae su Nestea, yo sonrío y de forma muy amable y proyectiva digo:
- Muy Buenos Días...
- (Media mueca de la dueña.-vendedora con una frase indescifrable o al menos irrecuperable para mi memoria)
-¿Cómo está?
- BBmmn (tipo maestra de Charlie Brown)
- ¿De qué son las empanadas?
- Pollo, carne molida y queso...
Antes de finalizar queso, una estudiante indica:
-Deme una empanada de pollo y un Nestea, ¡ah! y un vasito de salsa. De forma educada espero que la chica sea atendida. Antes de abrir la boca sale otra estudiante no se de donde, y dice de forma mecánica:
-Deme una empanada de pollo y un Nestea, y ¡ah!un vasito de salsa.
Contextualizándome en la situación me despojo un poco de la decencia y la educación y de forma rápida inquiero:
- Una empanada de pollo y un café grande marrón.
- No hay de pollo...
Obviamente las dos empanadas de pollo que quedaban se las llevaron las estudiantes maleducadas, mecánicas, pragmáticas y rapidísimas que me rebasaron y que ni cuenta se dieron de mi decencia, caballerosidad o de mi parsimonia pendeja según el análisis gestual de la dueña-vendedora.
- Queda de queso y carne...
Dice la dueña-vendedora viéndome ya con un dejo de compasión...
- Me da una empanada de queso y un café marrón....
Digo de forma apresurada antes que llegaran tres estudiantes más a dejarme sin desayuno.
- Café de máquina no hay, hay Nescafé
- Un capuchino (soltándolo como un disparo, como si de eso dependiera mi vida, bueno me debatía por mi desayuno tardío que bastante es....)
- No hay capuchino, late, late vainilla y mocachino
- Late vainilla, digo sin pensarlo si quiera
La señora me despacha y se percata de lo injusta que fue con mi decencia de profesor pero ni siquiera se disculpa al menos con un gesto, se da cuenta por mi cara que más nunca volveré a su negocio, decisión que corroboro al ver y comerme la empanada enchumbada de aceite que me dio y debe ser contrarrestada con al menos  tres cápsulas de omega 3-6-9.

Mientras echo un vistazo a ver si hay otro negocio donde desayunar la próxima vez, leo los grafitis en cartulinas apostados en la pared colocados de forma bastante estética y formal para ser grafitis. En uno mencionan tres de los estudiantes muertos de mayor visibilidad  en lo que nos queda de espacio público durante las manifestaciones y represiones de los dos últimos meses:   "Génesis, Geraldine y Braulio (creo): !No perdieron el semestre, perdieron la vida!" Otro cartel decía: "Estimado profesor, nada hacemos con venir a su clase, si igual luego no conseguiremos trabajo". Otro más allá rezaba: "Si quieres clase vete a OTRO país, porque aquí cuando te gradúes, no conseguirás trabajo".

En mi manía de relacionarlo y reflexionarlo todo pienso que los grafiteros sifrinos tienen razón e inmediatamente me ubico en la conversación de ayer con mis colegas de la universidad pública que justamente pensaban lo contrario:
-"Los estudiantes son la esencia y la razón de ser de la universidad, sin ellos nuestro trabajo no tiene sentido, pero ellos que son los más interesados y los que tienen más que perder, ni siquiera vienen, no se dan cuenta que si seguimos así van a cerrar la universidad pues es un recurso que el Estado está invirtiendo y que no tiene frutos". Decía una profesora recogiendo las conclusiones de la disertación profesoral.

Entonces, en mi diálogo interno me increpé: -¿Cómo es posible que encuentre razonable lo escrito por los estudiantes si apenas ayer pensaba todo lo contrario? Me vino  la idea una vez más de la sociedad bipolar en la que quizás nos hemos convertido, y en lo que dicen los líderes del desarrollo personal venezolano: "Venezuela es el resultado de lo que somos y el cambio debería empezar desde el interior de cada quien". Me pregunto si el alto diálogo tendrá resultados en este estado de cosas, me vuelvo a interrogar -y hasta me cuestiono por hacerlo- si esas estudiantes que sin darse cuenta me quitaron mis empanadas de pollo de mi desayuno retardado serían quienes escribieron los grafitis, y luego pienso que la responsabilidad de la falta de otredad de las estudiantes también fue de la dueña-vendedora quien debió respetar el turno, y ser amable con quien había sido amable con ella, y no descortés con quien .la consideró y no cortés con quienes ni siquiera le dieron los buenos días...

Es así,  la Otredad, ese concepto y ese valor que hemos extraviado o nunca lo tuvimos, esa capacidad de estar consciente del otro, de sus derechos, de su existencia, de su necesidad; del que está en la cola primero que nosotros, del que esta en una situación menos favorable, el otro que tiene otras formas de ser que también son válidas. Eso nos lleva al respeto, la consideración, la cortesía, la justicia y la solidaridad. La situación tan complicada en la que estamos es el resultado de la erosión de la institucionalidad y la normalidad mínima que poco a poco hemos socavado, desde la simple cortesía hasta la administración de justicia.

La justicia que reclamamos mi tutorada y yo, pues ella entregó su Trabajo de Grado en Abril de 2013 y en noviembre de 2013 no había recibido respuesta, aun haciendo llamadas telefónicas, introduciendo cartas de solicitud de información. Todas sus llamadas, solicitudes y cartas fueron ignoradas o esquivadas. La respuesta de la profesora Coordinadora de la Comisión de Maestría cuando intervine como tutor una vez que la estudiante había agotado todos sus esfuerzos posibles fue que la responsabilidad fue mía: - "Porque debí conocerla de nombre y cara y haberla abordado en los pasillos, porque ella es pana, y es pana de mis panas, que me faltó preguntar, averiguar de quién coño era pana ella y que también fuese pana mío", esos fueron sus mediocres argumentos. Mi pregunta fue que si me estaba sugiriendo que de nada sirven la institucionalidad y los canales formales, ella hizo un mutis. Pero tanto ella y yo teníamos la respuesta: Sí las formalidades y la institucionalidad poco importan en este país. Y mi tutorada salio castigada, porque yo no supe "irme por las ramas", por no saber "hablar en los pasillos", "por no preguntar de quién eran panas los jurados designados y la coordinadora de la maestría", grave error, y así no los hicieron saber, la tutorada debió entregar de nuevo los tres ejemplares y sistemáticamente "la universidad" intentó por todos los medios en los oficios hacer ver que no se estaba activando el jurado suplente ni que era la segunda vez que se entregaba la tesis. Tuvimos que aceptarlo para que la estudiante se pudiera graduar si acaso este año (es decir, dos años después de haber consignado su Trabajo de Grado) , aunque claro dejando registro y archivando todos los documentos y oficios recibidos y entregados. En mi memoria perdurará el argumento estrella de la coordinadora "Pana", en realidad mediocre e injusta con los tesistas: -¡Hay chico!, ¿por qué te molestas?, ¿a ti nunca se te ha perdido un oficio?, ¿a ti ninguna secretaria te engavetó un documento?

Y esa forma de ser, valorar y actuar en la cotidianidad, en un desayuno y en un proceso de entrega y evaluación de un Trabajo de Grado (ambos en una universidad, ojo), se refleja en el país. La politología siempre ha dicho que a menor institucionalidad y a menor educación y cultura política y ciudadana, mayor probabilidad de caos, y por ende, mayor proclividad a las salidas violentas y autoritarias. Y eso es lo que no hemos comprendido, educación y cultura política y ciudadana no es solo ir a votar o defender un partido o una ideología, es conocer cuál es el objetivo y fin común de tu sociedad, y cómo tú desde tu cotidianidad y desde tu labor contribuyes a ello, sin nunca, nunca, desestimar  ni mucho menos ignorar al otro, al de la cola que va de primero, al portero, tu maestro, tu estudiante, tu cliente, todos tus clientes, tus usuarios, tu servicio, tu vecino, el conductor del carro que va detrás de ti y todos los conductores y pasajeros de tu alrededor y más allá que pueden resultar heridos o muertos por tu imprudencia al conducir un automóvil.

La situación en la que estamos es el resultado no solo de cinco décadas de demagogia, sino de clientelismo, de camaradería, de panas panitas, de favorecer a los amigos irrespetando el derecho y los talentos del otro, del carnet del partido, del méteme en el trabajo aunque no haya trabajado, de la charla en el pasillo, del  hoy por ti mañana por mi, de la barragana, de la palanca para obtener un empleo, de la matraca; situaciones donde si no hemos participado, hemos sido pasivos y cómplices silentes de innumerables injusticias, arguyendo que eso les pasa a los pendejos o a los pela-bolas , o porque ya pasamos por eso y les toca pagar la novatada, o porque es un karma o esa persona no está informada de la ley de la atracción...

Cuando decidimos sustituir la filiación, el compadrazgo, el padrinazgo, el fanatismo y fascinación de personalismos para darle un golpe a lo que quedaba de institucionalidad. Ahora estamos sin líder carismático y sin instituciones. Por eso no hay como canalizar el descontento y la frustración, y son difíciles y complejos los caminos para llegar a acuerdos y diálogos. Lo más triste de todo esto es que nuestros países hermanos y vecinos ven con estupor los que nos pasa sin advertir que ellos pudieran haberse comprado todos los boletos para el mismo viaje...