Nosotros los perros somos tan fieles a la raza humana que hasta la acompañamos en algo tan abstracto, un tanto abyecto y fosilizado como lo es la universidad. Bueno, si hemos sido obligados a escoltarlos en cuestiones tan absurdas y sórdidas como las guerras, conquistas e invasiones; seguirlos en su invención llamada universidad no parece tan descabellado. Ser perro universitario se hace de forma voluntaria, el frío de las calles nos ha empujado a poblarlas siguiendo los andares macilentos y medio robóticos de los jóvenes humanos…Nuestra ontogenia nos indica que nuestra supervivencia está ligada a las personas, aunque muchas veces nos sorprendemos cómo nos utilizan para componer peleas callejeras con nosotros y aún nos utilizan para cazar a otros animales, e incluso, a otros humanos… Pero nuestra misión es acompañarlos hasta el final, y en eso estamos, haciendo muchas veces un gran esfuerzo, y muchas otras viendo que la mayoría de ellos siguen siendo compasivos, tiernos y amables, aunque cada día más distraídos y absortos... Ser perro universitario tiene sus ventajas y desventajas como todo en la vida. Una de las ventajas es que aún podemos vivir en manadas al tiempo que estamos junto a los humanos, tenemos techos y amplios pasillos para echarnos y pernoctar... A diferencia de otros congéneres que la mayoría del tiempo tienen que vivir en cuatro paredes en las manadas de los humanos, dicho sea de paso, manadas manidas cada vez más extrañas porque sabemos que día a día se comunican menos entre ellos, y algunos prefieren comunicarse más con nosotros: Si siguen así, van a parar en locos los pobres… ¡si es que ya no lo están…!
Aquí en la universidad no tenemos que hacer de falderos ni tener que olfatear las flatulencias humanas que se han vuelto muy tóxicas últimamente. Los cariños y caricias humanas, aquí en la universidad, no son muy frecuentes pero siempre hay una linda chica que nos soba la barriga o algún chico que nos rasca la cabeza. Los profesores, los estudiantes y los vigilantes universitarios siempre nos dan algunas sobras de comida, que aunque no son muy generosas, al menos resuelven el día y no tenemos que caminar o bregar mucho para conseguirlas... Por eso, salimos muy beneficiados cuando hacen esos eventos científicos, académicos y culturales que recientemente se parecen más a soberanas comilonas donde sobra mucho alimento que comparten con nosotros… bueno, para nadie es un secreto que la humanidad está perdiendo su capacidad de planificación, cálculo y distribución…
Lo mejor de ser perro universitario es que siempre de alguna manera nuestra fidelidad siempre se ha visto premiada por los hombres, mujeres y sus infantes: Por aquí viene una gente de una asociación que se llama Asoguau ¿¿¿¡¡¡!!!!???? ¡Qué loquitos son…! y nos bañan, nos acicalan y nos dejan bien nuevecitos y sanitos. Por si fuera poco, una profesora se le ocurrió la brillante idea de poner a esos muchachos a ducharnos y emperifollarnos, obligados claro, por motivo de una fulana práctica profesional… lo hacen medio a regañadientes pero igual nos dejamos en parte para reírnos de su cara disimuladamente refunfuñada: ¡Ellos hacen cualquier cosa para graduarse rápido y con el menor esfuerzo…! ¡Un guauuuu para esa pana profesora…! Otra ventaja de ser perro universitario, es que nos quedamos contentos porque los cachorritos muchas veces se los lleva a su casa algún profesor, estudiante u obrero, sabiendo que van a tener un buen hogar.
De vez en cuando, nos colamos a algunas clases que dicen cosas interesantes mientras recibimos calor o aire frío, según sea el caso, aunque no es muy motivador porque nunca falta un malhumorado o una respingada que salen a echar: Hemos aprendido que hay áreas que es mejor no invadir…, no obstante, ya tenemos pillaos a los profesores que le piden refrigerios a los estudiantes y ya conocemos su itinerario y aulas… ¡eso es un resuelve seguro, porque siempre sobra algo…! Cabe ladrar, que lo malo de las comilonas es que empiezan súper tarde y hablan que da regalo, y todo se vuelve bastante latoso, porque conferencian los más listos pero también tienen que departir hasta los menos avezados y se prolonga la cosa… y nosotros ahí aspirando ese olor de comida enfriada que alguna mosca siempre prueba primero...
Una vez una camarada se divirtió bastante esperando la hora de la repartición de las sobras en esos eventos académicos, había tambores, bailes, disfraces, estatuas vivientes y ella se caló todo eso pacientemente: los universitarios subían, bajaban, se estresaban, se reían, medio bailoteaban, posaban para las fotos, comían y bebían café como unos desquiciados… (por cierto, donde humea café, seguro hay algo de comida)... Bueeeno… ahí vamos… una pasadita por el comedor, otra por las aulas, por los cafetines, por los kioscos, los pasillos… y de hambre no nos morimos… No es bueno hospedarse en una universidad y llegar descompensado porque es más probable que nadie te quiera, hay que llegar más o menos sanito y completo… como todo en esta coexistencia canina-humana. Cuando hay campañas políticas a veces nos visten con propaganda, yo descubrí que si me las dejo, más comida recibo: ¡Eso es chévere: cariño y resuelve juntos...!
Finalmente, las noches son bastante tranquilas, hay profesores que trabajan duro y salen bien tarde, son pocos, pero son muy responsables y disciplinados. A partir de las ocho y media de la noche, todo va quedando en calma y cualquier ruido nos molesta, sobre todo los de las motos que nos caen full mal porque son ruidosas, nos marean y todo el tiempo andan con un gruñido; deberían dejarlas donde guardan los carros, esas motos son bien abusivas, abusadoras, buscapleitos y retrecheras… Pero ni modo, así son los humanos y sus juguetes, nadie los entiende, ni siquiera nosotros… Ahora les dio por estar en huelga y nosotros también tenemos que restearnos con la comida y los cariños, pero bueno ahí estamos… si algo sabemos es ser pacientes… Ojalá vuelvan todos y así todos, hasta los perros, estaremos bien… ¿Por qué carajo a lo humanos les costará tanto ponerse de acuerdo…? ¡Grrrrggg!