viernes, 5 de julio de 2013

Vida de perro universitario

Nosotros los perros somos tan fieles a la raza humana que hasta la acompañamos  en algo tan abstracto, un tanto abyecto y fosilizado como lo es la universidad. Bueno, si hemos sido obligados a escoltarlos en cuestiones tan absurdas y sórdidas como las guerras, conquistas e invasiones; seguirlos en su invención llamada universidad no parece tan descabellado. Ser perro universitario se hace de forma voluntaria, el frío de las calles nos ha empujado a poblarlas siguiendo los andares macilentos y medio robóticos de los jóvenes humanos…Nuestra ontogenia nos indica que nuestra supervivencia está ligada a las personas, aunque muchas veces nos sorprendemos cómo nos utilizan para componer peleas callejeras con nosotros y aún nos utilizan para cazar a otros animales, e incluso, a otros humanos… Pero nuestra misión es acompañarlos hasta el final, y en eso estamos, haciendo muchas veces un gran esfuerzo, y muchas otras viendo que la mayoría de ellos siguen siendo compasivos, tiernos y amables, aunque cada día más distraídos y absortos... Ser perro universitario tiene sus ventajas y desventajas como todo en la vida. Una de las ventajas es que aún podemos vivir en manadas al tiempo que estamos junto a los humanos, tenemos techos y amplios pasillos para echarnos y pernoctar... A diferencia de otros congéneres que la mayoría del tiempo tienen que vivir en cuatro paredes en las manadas de los humanos, dicho sea de paso, manadas manidas cada vez más extrañas porque sabemos que día a día se comunican menos entre ellos, y algunos prefieren comunicarse más con nosotros: Si siguen así, van a parar en locos los pobres… ¡si es que ya no lo están…!  
      Aquí en la universidad no tenemos que hacer de falderos ni tener que olfatear las flatulencias humanas que se han vuelto muy tóxicas últimamente. Los cariños y caricias humanas, aquí en la universidad, no son muy frecuentes pero siempre hay una linda chica que nos soba la barriga o algún chico que nos rasca la cabeza. Los profesores, los estudiantes y los vigilantes universitarios siempre nos dan algunas sobras de comida, que aunque no son muy generosas, al menos resuelven el día y no tenemos que caminar o bregar mucho para conseguirlas... Por eso, salimos muy beneficiados cuando hacen esos eventos científicos, académicos y culturales que recientemente se parecen más a soberanas comilonas donde sobra mucho alimento que comparten con nosotros… bueno, para nadie es un secreto que la humanidad está perdiendo su capacidad de planificación, cálculo y distribución…
     Lo mejor de ser perro universitario es que siempre de alguna manera nuestra fidelidad siempre se ha visto premiada por los hombres, mujeres y sus infantes: Por aquí viene una gente de una asociación que se llama Asoguau ¿¿¿¡¡¡!!!!???? ¡Qué loquitos son…! y nos bañan, nos acicalan y nos dejan bien nuevecitos y sanitos. Por si fuera poco, una profesora se le ocurrió la brillante idea de poner a esos muchachos a ducharnos y emperifollarnos, obligados claro, por motivo de una fulana práctica profesional… lo hacen medio a regañadientes pero igual nos dejamos en parte para reírnos de su cara disimuladamente refunfuñada: ¡Ellos hacen cualquier cosa para graduarse rápido y con el menor esfuerzo…! ¡Un guauuuu para esa pana profesora…! Otra ventaja de ser perro universitario, es que nos quedamos contentos porque los cachorritos muchas veces se los lleva a su casa algún profesor, estudiante u obrero, sabiendo que van a tener un buen hogar. 
       De vez en cuando, nos colamos a algunas clases que dicen cosas interesantes mientras recibimos calor o aire frío, según sea el caso, aunque no es muy motivador porque nunca falta un malhumorado o una respingada que salen a echar:  Hemos aprendido que hay áreas que es mejor no invadir…, no obstante, ya tenemos pillaos a los profesores que le piden refrigerios a los estudiantes y ya conocemos su itinerario y aulas… ¡eso es un resuelve seguro, porque siempre sobra algo…! Cabe ladrar, que lo malo de las comilonas es que empiezan súper tarde y hablan que da regalo,  y todo se vuelve bastante latoso, porque conferencian los más listos pero también tienen que departir hasta los menos avezados y se prolonga la cosa… y nosotros ahí aspirando ese olor de comida enfriada que alguna mosca siempre prueba primero...
      Una vez una camarada se divirtió bastante esperando la hora de la repartición de las sobras en esos eventos académicos, había tambores, bailes, disfraces, estatuas vivientes y ella se caló todo eso pacientemente: los universitarios subían,  bajaban, se estresaban, se reían, medio bailoteaban, posaban para las fotos, comían y bebían café como unos desquiciados… (por cierto, donde humea café, seguro hay algo de comida)... Bueeeno… ahí vamos… una pasadita por el comedor, otra por las aulas, por los cafetines, por los kioscos, los pasillos… y de hambre no nos morimos… No es bueno hospedarse en  una universidad y llegar descompensado porque es más probable que nadie te quiera, hay que llegar más o menos sanito y completo… como todo en esta coexistencia canina-humana. Cuando hay campañas políticas a veces nos visten con propaganda, yo descubrí que si me las dejo, más comida recibo: ¡Eso es chévere: cariño y resuelve juntos...!
       Finalmente, las noches son bastante tranquilas, hay profesores que trabajan duro y salen bien tarde, son pocos, pero son muy responsables y disciplinados. A partir de las ocho y media de la noche, todo va quedando en calma y cualquier ruido nos molesta, sobre todo los de las motos que nos caen full mal porque son ruidosas, nos marean y todo el tiempo andan con un gruñido; deberían dejarlas donde guardan los carros, esas motos son bien abusivas, abusadoras, buscapleitos y retrecheras… Pero ni modo, así son los humanos y sus juguetes, nadie los entiende, ni siquiera nosotros…  Ahora les dio por estar en huelga y nosotros también tenemos que restearnos con la comida y los cariños, pero bueno ahí estamos… si algo sabemos  es ser pacientes… Ojalá vuelvan todos y así todos, hasta los perros, estaremos bien… ¿Por qué carajo a lo humanos les costará tanto ponerse de acuerdo…? ¡Grrrrggg!

miércoles, 3 de julio de 2013

Hurgando en el fondo del foso de la huelga universitaria: De la academia que tenemos a la que queremos


Después de un mes de paro universitario es difícil tener una perspectiva aproximada del complejo problema que representa este tópico en un país polarizado políticamente, ya que se supone que el tema de las universidades debe estar en el terreno imparcial de cualquier sociedad. Pero como quiera que sea, las crisis de la universidad venezolana pasa primero por la crisis en el ámbito mundial de estas instituciones. Como generadoras de conocimiento novedoso su rol está seriamente cuestionado, cuando hoy por hoy, la mayoría de las investigaciones, las innovaciones e invenciones se realizan allende a las fronteras universitarias en todo el orbe.
Una de las principales causas del deterioro de las universidades es la burocratización que impide muchas veces adelantar una investigación, por el tema de los recursos financieros y de la poca certeza que siempre hay al inicio de un estudio científico sobre su impacto social: Todo esto ha conllevado a una serie de controles y papeleos que desanima hasta el más audaz de los investigadores. Por otro lado, dentro del sistema-mundo capitalista el rol de las universidades cada vez se comprime más en la función de la  docencia para generar profesionales aptos y operativos para el mercado laboral. Dentro de la división internacional del trabajo solo un puñado de universidades de los países de capitalismo consolidado puede mantener su rol científico y de generador de conocimientos. Estas investigaciones cada día reciben la presión de las pocas empresas multinacionales que controlan los hilos del sistema – mundo capitalista.
Aunado a este complejo problema global, la universidad venezolana respondiendo a un Estado populista y a una sociedad periférica del sistema mundo – capitalista, se ha burocratizado minimizando su rol investigativo en aras de ampliar el rol docentista para apuntalarse como generadoras de profesionales y de títulos. Este es el perfil que se ha venido gestando por más de cincuenta años y que ahora parece estar respaldado por un Estado populista que históricamente ha usado la educación superior como un medio de inclusión social y, adicionalmente, como capital político – clientelar - electoral.  Por eso, el problema del presupuesto y de autonomía de las universidades es difícil  de encuadrar en su justa medida para darle una solución viable y consensuada.
Y es que por décadas son pocas las investigaciones pertinentes, o al menos visibles, que las universidades nacionales han ofrecido a la sociedad. Su aporte más valioso sigue siendo la formación de profesionales, que es lo que le interesa a un Estado populista cada vez más importador de bienes, servicios y tecnologías y a un sistema – mundo capitalista omnipotente: Profesionales poco reflexivos, acríticos, poco polémicos, adaptadores, operarios y funcionarios;  capaces de aplicar tecnologías y directrices, pero jamás de cuestionar e ir más allá de la perspectiva aparente y funcional de los procedimientos. En esta sociedad mundial, y en este contexto nacional, los intelectuales, los críticos, los reflexivos, los creativos, los soñadores, los artistas y los investigadores somos cada vez menos necesarios y cada vez más incómodos e impertinentes para el status quo. 
Este panorama beneficia a las sociedades centrales del sistema – mundo capitalista que captan y hurtan los talentos para ponerlos al servicio de los Estados privilegiados y a las pocas multinacionales todopoderosas. El problema principal no es el presupuesto ni el salario deteriorado de los docentes artífices de profesionales. El problema debe pasar primero por el ojo avizor de la universidad que queremos construir, es decir, primero buscar el por qué y el para qué de la universidad venezolana como soportes de toma de decisiones trascendentales que sirvan de marco de medidas más específicas y concretas como el tema presupuestario y salarial.
Si a la mayoría le parece bien la universidad como fábrica de profesionales operarios que puedan aplicar y adaptar las tecnologías foráneas importadas de Estados Unidos, la Unión Europea, Rusia, China, Bielorrusia, Irán, Brasil y Cuba, pues ni modo, sinceremos el tema del presupuesto, centralicemos, y que el Estado se  encargue de bajar los recursos financieros para el pago a los profesores y el mantenimiento de la infraestructura. Si por el contrario, no estamos conformes con la situación actual de la educación superior es hora de revisar y redimensionar el rol de las universidades y así construir consensualmente la Ley de Universidades que aún está pendiente.
En este orden de ideas, todavía no entiendo por qué el anteproyecto de Ley de Universidades de 2010 - 2011 se ha tirado a la basura, pues aunque había algunos pasajes y conceptos cuestionables, en su mayoría iba en la dirección de una universidad al menos mejor de la que hoy tenemos: Se hablaba de integrar la metodología de proyectos como principal herramienta de facilitación de los aprendizajes, un enfoque que me permitiría como profesor integrar orgánicamente mis labores de docencia, investigación y de servicio comunitario; y no ese conflicto que hoy permanentemente tengo para congeniar esas actividades divergentes y dispersas debido al prisma de la burocratización, el presentismo y la falta de planificación y de vocación universitaria  de una parte de mis colegas directivos. Tensión y conflicto que atenta peligrosamente contra mi paz personal y familiar entendiendo que la salud es  un estado de bienestar  bio – psico – social.
Volviendo sobre el tema: ¿Por qué dicha ley no se discute a la luz de las diversas visiones y se mejora en atención de la universidad que todos deseamos? Otra pregunta a  la cual no he encontrado respuesta en otros congéneres. La vía mencionada por aquella ley era una universidad de encuentro de saberes, un rol más sistematizador y de comunicación con la sociedad multidiversa que es Venezuela, premisa que a mi parecer es bastante aceptable y razonable. Entonces vuelvo a insistir: ¿Por qué hay que copiar los modelos extranjeros capitalistas o socialistas? ¿Por qué no iniciar la creación de un modelo propio partiendo de lo que ya se tiene?
La respuesta quizás surge en mi cotidianidad: Hoy en un campus con escasos universitarios hablé con dos profesores críticos  y reflexivos, uno Ingeniero de Sistemas –creo- y el otro Orientador. Cabe destacar que tuvimos una conversación interesante mientras compartíamos un café. Hablamos de por qué la mayoría de  los venezolanos desconocemos e ignoramos de qué específicamente se compone un barril de petróleo de Pdvsa, cuál es su constitución, sus bondades, cuál es el proceso para colocarlo a puertas de exportación; también discutimos acerca de los nuevos tipos de Guerra (aérea, tecnológica, de confrontación física), y de porqué seguimos importando tecnologías. Todos teníamos ideologías políticas distintas, pero conferimos, hablamos, intercambiamos. Yo me fui de la plática con preguntas que nunca me había formulado y con otras que empezaré a cuestionarme… Todo ocurrió en paz, con respeto y de forma bastante natural y espontánea.
Ese momento que acabo de ilustrar se aproxima a la universidad que quiero, la del intercambio de ideas y encuentro de saberes. Si la universidad que mis coterráneos desean y pelean es  una universidad operaria, reproductiva y acrítica a favor de poderes de potencias mundiales tradicionales o emergentes, de multinacionales o de gobiernos nacionales o regionales pasajeros (como todo gobierno), entonces sería correcto que se declare y se diga ya, porque yo allí no encajaría, nunca he sido bueno para ser acrítico o pasivo; es decir, en sánscrito criollo: nunca he servido para ser mirón de palo ni convidado de piedra… Buscaré otros derroteros y otras formas porque la universidad en la que me formé, en la que creo y en la que deseo coexistir cada día se desdibuja más, se apaga en el discurso de las autoridades de las casas de estudio, de los gremios universitarios, de los estudiantes que atiendo, de los políticos nacionales e incluso de los documentos y de las directrices sancionados por la misma y sacratísima Unesco.