Esta mañana atónito e incrédulo presencié la entrevista que Luis Chataing le hiciera a la candidata presidencial María Bolívar, sobre todo porque ésta ha sido objeto de burlas y mofas consecuentes y sistemáticas en los últimos seis meses por el presentador, su equipo de trabajo y su platea, en su programa homónimo a las 12 am por el canal Televen. Como la mayoría de los espectadores pensé que se trataba de una broma o de una parodia de la candidata presidencial. Pero no, allí se presentó ella, modesta, humilde, valiente y firme. Con cierta timidez y con un vocabulario limitado argumentó de forma clara y contundente las razones y las propuestas de su futuro gobierno, exponiendo su convicción sobre su capacidad para conducir las riendas del país. Sin darse cuenta, definió de forma simple lo que era la inflación y como se solucionaría la misma: Reactivando el aparato productivo, promoviendo la libre empresa y asistiendo a los pequeños y medianos empresarios, gremio al que ella pertenece junto a su esposo y del cual "no sabía nada y aprendió". Así, la forma que ella encontró de canalizar y proteger su negocio, construido con tesón familiar, fue postulándose a presidenta.
Tamaña meta y tamaña responsabilidad. Pero hay que reconocer en ello la valentía y el coraje que ella tiene, sus ansias de proteger su patrimonio, con las herramientas adquiridas durante su experiencia como empresaria y cabeza de familia. Actitud que ni por chiste nosotros quienes nos autocalificamos de intelectuales -y otros hasta de intelectuales orgánicos- no tenemos; ni siquiera nos atrevemos a asumir el liderazgo de un condominio, pero perdemos incansables horas bebiendo vino o cerveza, eyaculando ideas que no pasan de las puertas de nuestras residencias, cargadas de críticas, burlas, sarcasmos hacia la junta de condominio, los consejos comunales, los Concejos Municipales hasta llegar al presidente y sus contendientes.
Arreglamos el país con puras palabras pero ni por casualidad tenemos el 1% de valentía, disposición y amor al patrimonio familiar y nacional como el demostrado cándida y llanamente por María Bolívar. Nos burlamos de ella cuando no supo definir y plantear el problema de la inflación en su entrevista pasada con Aymara Lorenzo (del cual me enteré por las repeticiones en el programa de Chataing), pero cuando un economista lo expone con sus palabras técnicas, la mayoría de nosotros no lo comprendemos, y aún así si la sentimos todos los días y la podemos definir tan sencillamente como lo hizo la candidata ante el presentador sarcástico Chataing.
María Bolívar más que una candidatura es un grito silenciado de la mayoría de este país que estamos cansados de tanta confrontación, promesas incumplidas, insultos, inseguridad y amenazas, pero quedamos omitidos en el espacio público tanto estatal como privado. Es esa parte de Venezuela, que a mi parecer, es la verdadera mayoría que solo queremos vivir en libertad de acuerdo a nuestros propios principios, respetándoles los derechos a los demás, independientemente si somos de izquierda o derecha.
La lección de María Bolívar no fue solo de valentía, me sentí pequeñito delante de ella: Yo con todos mis méritos académicos, con mis graduaciones, con mi caudal de conocimientos, no he tenido la valentía siquiera para postularme ante algún gremio, yo con todo lo que he estudiado siento a mi país lo mismo que una señora que se califica pequeña-empresaria, que solo sabe de panadería por experiencia y que simplemente anhela que todos sus connacionales les vaya tan bien como a ella, yendo "incluso hasta Marte" si es necesario para defender los intereses de todos nosotros. Más pequeño me sentí cuando recordé que ese gesto se lo pagué uniéndome con la burla y el escarnio público liderado por Chataing, su equipo y su platea.
Con María Bolívar comprendí lo que quiso decir Heidegger sobre la hermenéutica: más que una forma de conocer, es una forma de sentir; verbigracia, interpreto: Es primero sentir, para luego conocer y luego actuar. Es exactamente lo que María Bolívar hizo de forma modesta, espontánea, firme y diáfana, cual Susan Boyle, nos hizo tragar nuestras burlas sin siquiera pensarlo, sin ofender ni agredir, y lo más paradójico: Sin darse cuenta.
Tamaña meta y tamaña responsabilidad. Pero hay que reconocer en ello la valentía y el coraje que ella tiene, sus ansias de proteger su patrimonio, con las herramientas adquiridas durante su experiencia como empresaria y cabeza de familia. Actitud que ni por chiste nosotros quienes nos autocalificamos de intelectuales -y otros hasta de intelectuales orgánicos- no tenemos; ni siquiera nos atrevemos a asumir el liderazgo de un condominio, pero perdemos incansables horas bebiendo vino o cerveza, eyaculando ideas que no pasan de las puertas de nuestras residencias, cargadas de críticas, burlas, sarcasmos hacia la junta de condominio, los consejos comunales, los Concejos Municipales hasta llegar al presidente y sus contendientes.
Arreglamos el país con puras palabras pero ni por casualidad tenemos el 1% de valentía, disposición y amor al patrimonio familiar y nacional como el demostrado cándida y llanamente por María Bolívar. Nos burlamos de ella cuando no supo definir y plantear el problema de la inflación en su entrevista pasada con Aymara Lorenzo (del cual me enteré por las repeticiones en el programa de Chataing), pero cuando un economista lo expone con sus palabras técnicas, la mayoría de nosotros no lo comprendemos, y aún así si la sentimos todos los días y la podemos definir tan sencillamente como lo hizo la candidata ante el presentador sarcástico Chataing.
María Bolívar más que una candidatura es un grito silenciado de la mayoría de este país que estamos cansados de tanta confrontación, promesas incumplidas, insultos, inseguridad y amenazas, pero quedamos omitidos en el espacio público tanto estatal como privado. Es esa parte de Venezuela, que a mi parecer, es la verdadera mayoría que solo queremos vivir en libertad de acuerdo a nuestros propios principios, respetándoles los derechos a los demás, independientemente si somos de izquierda o derecha.
La lección de María Bolívar no fue solo de valentía, me sentí pequeñito delante de ella: Yo con todos mis méritos académicos, con mis graduaciones, con mi caudal de conocimientos, no he tenido la valentía siquiera para postularme ante algún gremio, yo con todo lo que he estudiado siento a mi país lo mismo que una señora que se califica pequeña-empresaria, que solo sabe de panadería por experiencia y que simplemente anhela que todos sus connacionales les vaya tan bien como a ella, yendo "incluso hasta Marte" si es necesario para defender los intereses de todos nosotros. Más pequeño me sentí cuando recordé que ese gesto se lo pagué uniéndome con la burla y el escarnio público liderado por Chataing, su equipo y su platea.
Con María Bolívar comprendí lo que quiso decir Heidegger sobre la hermenéutica: más que una forma de conocer, es una forma de sentir; verbigracia, interpreto: Es primero sentir, para luego conocer y luego actuar. Es exactamente lo que María Bolívar hizo de forma modesta, espontánea, firme y diáfana, cual Susan Boyle, nos hizo tragar nuestras burlas sin siquiera pensarlo, sin ofender ni agredir, y lo más paradójico: Sin darse cuenta.