Desde
hace más de diez años he tenido un sueño consciente recurrente donde soy
mediador de una mesa de diálogo nacional. Pero esa mesa de diálogo nacional de
mi sueño ha sido muy distinta por las planteadas hasta ahora, en varias
ocasiones en Venezuela. En mi sueño en la mesa de diálogo no solo están los
representantes del “gobierno” y la “oposición”, ahora la “¿Mesa? de la Unidad”.
Y es que en mi mesa de diálogo, cual mesa comensal, además de cierta
cordialidad y disposición a llegar a acuerdos mínimos, está presente la mayoría
de los sectores y grupos sociales de Venezuela, así como las principales
figuras públicas; es decir, están los grupos de intelectuales de todos los
géneros y órdenes, las universidades, los movimientos sociales, los “colectivos”,
las distintas iglesias con sus representantes jerárquicos y con sus
organizaciones de base, las organizaciones de productores agrícolas, las
agrupaciones de empresarios e industriales, los gremios y asociaciones profesionales,
de obreros y de oficios; sí porque hasta organizaciones de productores y
artesanos del vidrio hay en mi país.
Ver
a Venezuela como un país que se complejizó, un país diverso, agrupado por
sectores y grupos sociales distintos y diferentes, en todos los órdenes
imaginados e insospechados no es la mirada de nuestros ¿líderes? políticos y al
parecer tampoco ni de la Fundación Carter, ni la OEA, ni Unasur. Quizás ellos
no han leído a Jacques Rancière, pero yo como científico social sí, algunos de
sus escritos, o un par, mejor dicho. Para este autor pueblo no es una masa de
personas muy quietas esperando ser representadas por unos pocos señores y
señoras, no es una especie de almas en pena a la espera de que bajen algunos Hermes
de allá del olimpo a interpretar sus necesidades, intereses y expectativas. No.
Rancière asume que pueblo es un proceso permanente de surgimiento de
subjetividades, es decir, cada día, cada hora, surge un grupo de ciudadanos
reclamando su lugar en el espacio público, con demandas nuevas e insospechadas,
o quizás con reivindicaciones tradicionales, pero hasta ahora no otorgadas.
De
esa concepción de pueblo viene entonces la definición de política. Para Rancière
política es justamente cómo se dialoga y se acuerda esa diferencia, y cómo
permanentemente se logra o se intenta aproximar a la equidad y a la igualdad. En
este caso la mesa de diálogo es algo permanente, y se convertiría en lo que
para los idiomas anglos es policía, y en español sería “políticas públicas”. [Cabe
apuntar que el informe de Almagro sobre los derechos humanos en Venezuela se
cuestionó porque era un cúmulo de peticiones sobre la necesidad de políticas
públicas y no era un informe de violación de derechos humanos ¿¿¿??? Señores de
la OEA, con todo respeto échenle un vistazo no a un twitter, sino a Rancière].
Según
este autor política es trabajar diariamente la diferencia, verla, reconocerla,
visibilizarla y en función de ello, litigarla, llegar a acuerdos. Dussel va más
allá y habla de distinción, más allá de lo diferente. Donde no haya litigio no
hay política, y, por consiguiente, aún menos democracia. Donde la diferencia no
se litigue, y se ignore la diferencia hay una distorsión de la política,
Rancière propone tres formas generales (tipos ideales) de distorsiones de
política: la arquipolítica, la parapolítica y la metapolítica. De acuerdo a mi
análisis Venezuela está en la actualidad más cercana al tipo tres, la
metapolítica con elementos de los dos tipos anteriores. La metapolítica es
justamente simular que hay política, simular que hay acuerdo, que existe una
dialéctica; pero en realidad no lo hay, es centrar la política en el discurso
en el debate, pero sin llegar a acuerdos ni resultados. A mi modo de ver las
Tics y las redes sociales, se han convertido en un espacio público 2.0 donde se
simula política y democracia, pero en realidad no la hay; es decir, la
metapolítica pareciera estar a la orden del día…
Y
oh sorpresa, los ciudadanos colombianos no refrendaron un acuerdo para el cual
no fueron convidados y los Hermes debatieron y litigaron a nombre de ellos, y
Donald Trump gana las elecciones de forma sorpresiva porque resulta que en
Estados Unidos había más diferencias y grupos distintos coexistiendo de lo que
se creía, o quizás ya no es el “latino” o los afroamericanos quienes se sienten
minorías, sino el blanco que después de 2009 se siente pobre y tal vez no
escuchado…
Volviendo
al caso de Venezuela y a mi sueño de la mesa nacional de diálogo, yo sueño que
llaman a las universidades, a los profesionales no comprometidos con partidos
políticos y nosotros somos los mediadores, entonces a mí me toca coordinar, de
entre muchas mesas, la mesa de los artistas y los promotores culturales, porque
vino la OEA o la Unasur y solicitó currículos y observó que tengo potencial de mediador, que
mi currículo demuestra liderazgo y construcción de equipos de trabajo diverso,
me preguntan y yo sugiero que puedo mediar entre los artistas y los promotores
culturales, porque mi padre era artista, porque estoy haciendo una tesis
doctoral y mis principales informantes son promotores culturales de un contexto
que está pasando de rural a urbano… Sueños pendejos de uno, pensando y teniendo
en cuenta siempre que es justo y pertinente devolverle a la sociedad el
conocimiento que te permitió construir.
Y
así como yo, sueño que hay muchos profesionales con mis características, con
coincidencias y diferencias e incluso mediadores distintos a mí. La principal
coincidencia es que somos muy operativos, nada burocráticos, idealistas y
soñadores pero capaces de cristalizar y hacer realidad esos sueños, artesanos
políticos, pues. A veces me pongo a cuestionarme porqué sueño tanto y cosas tan,
tan, tan allá que parecen menos que realizables, sobre todo cuando todos los
días debo esperar en cola hasta más de una hora solo para salir del urbanismo
donde vivo que ya se parece a un barrio. Y soñar tanto duele con la realidad
que te impone la falta de alimento y una inflación que dejó de ser galopante y
se convirtió en cohete interestelar.
Me
siento a veces como Kasandra viendo un futuro y una posibilidad en la que nadie
cree. Pero me subyuga pensar que quizás ese sueño se haga realidad pero
impuesto por hechos catastróficos. Espero que no tengamos en Venezuela que
llegar a un punto de guerra o catástrofe para poder montarnos en una verdadera
mesa de diálogo nacional, diversa, diferente y distinta. Escuché alguna vez que
los monovidentes tenemos la habilidad de ir un pasito más adelante que el
resto, que esa discapacidad activa no sé cuál sinapsis neuronal disntinta,
también un amigo psicólogo con ternura me señala que mis sueños subconscientes
recurrentes acerca de mi ciudad visualizándola y recreándola más limpia, más
ordenada, más ecológica, y no necesariamente más avanzada tecnológicamente,
explica por qué decidí hacer profesión en una carrera tan subvalorada y
prostituida siendo niña como lo es la politología…
¿Qué
cosas no? diría Kiko. Mientras, seguiré soñando y transformando muy localmente y
parroquialmente los cambios en pos de mis sueños en el reducido espacio que me
da la universidad, aunque no lo crean, tengo seguidores, la mayoría algo
confusos entre seguirme o hacer la cola para la bolsa de gobierno que No las
regala sino que se paga, o el emigrar a otro país, o el despedir a quienes se
van en aviones más repletos de estampida que de proyectos de vida.
Ese
sueño hecho realidad se llama GI-Alterlatino y ya tenemos dos libros digitales,
un proyecto aprobado por el CDCH-UC pero sin dinero porque financiamiento no hay,
un Sendero Interpretativo Universitario que ha visibilizado las obras
descuidadas de mi campo universitario y que de servicio comunitario pronto
pasará a programa de extensión. Todo autogestionado, porque escasamente tengo un
escritorio que llaman cubículo sin computadora en la casa de estudios donde
laboro. Yo seguiré soñando y construyendo, tratando de convencer, aunque la
realidad me siga imponiendo otra cosa. Por algo soy monovidente y aún me hago
denominar politólogo…y venezolano…
