miércoles, 3 de julio de 2013

Hurgando en el fondo del foso de la huelga universitaria: De la academia que tenemos a la que queremos


Después de un mes de paro universitario es difícil tener una perspectiva aproximada del complejo problema que representa este tópico en un país polarizado políticamente, ya que se supone que el tema de las universidades debe estar en el terreno imparcial de cualquier sociedad. Pero como quiera que sea, las crisis de la universidad venezolana pasa primero por la crisis en el ámbito mundial de estas instituciones. Como generadoras de conocimiento novedoso su rol está seriamente cuestionado, cuando hoy por hoy, la mayoría de las investigaciones, las innovaciones e invenciones se realizan allende a las fronteras universitarias en todo el orbe.
Una de las principales causas del deterioro de las universidades es la burocratización que impide muchas veces adelantar una investigación, por el tema de los recursos financieros y de la poca certeza que siempre hay al inicio de un estudio científico sobre su impacto social: Todo esto ha conllevado a una serie de controles y papeleos que desanima hasta el más audaz de los investigadores. Por otro lado, dentro del sistema-mundo capitalista el rol de las universidades cada vez se comprime más en la función de la  docencia para generar profesionales aptos y operativos para el mercado laboral. Dentro de la división internacional del trabajo solo un puñado de universidades de los países de capitalismo consolidado puede mantener su rol científico y de generador de conocimientos. Estas investigaciones cada día reciben la presión de las pocas empresas multinacionales que controlan los hilos del sistema – mundo capitalista.
Aunado a este complejo problema global, la universidad venezolana respondiendo a un Estado populista y a una sociedad periférica del sistema mundo – capitalista, se ha burocratizado minimizando su rol investigativo en aras de ampliar el rol docentista para apuntalarse como generadoras de profesionales y de títulos. Este es el perfil que se ha venido gestando por más de cincuenta años y que ahora parece estar respaldado por un Estado populista que históricamente ha usado la educación superior como un medio de inclusión social y, adicionalmente, como capital político – clientelar - electoral.  Por eso, el problema del presupuesto y de autonomía de las universidades es difícil  de encuadrar en su justa medida para darle una solución viable y consensuada.
Y es que por décadas son pocas las investigaciones pertinentes, o al menos visibles, que las universidades nacionales han ofrecido a la sociedad. Su aporte más valioso sigue siendo la formación de profesionales, que es lo que le interesa a un Estado populista cada vez más importador de bienes, servicios y tecnologías y a un sistema – mundo capitalista omnipotente: Profesionales poco reflexivos, acríticos, poco polémicos, adaptadores, operarios y funcionarios;  capaces de aplicar tecnologías y directrices, pero jamás de cuestionar e ir más allá de la perspectiva aparente y funcional de los procedimientos. En esta sociedad mundial, y en este contexto nacional, los intelectuales, los críticos, los reflexivos, los creativos, los soñadores, los artistas y los investigadores somos cada vez menos necesarios y cada vez más incómodos e impertinentes para el status quo. 
Este panorama beneficia a las sociedades centrales del sistema – mundo capitalista que captan y hurtan los talentos para ponerlos al servicio de los Estados privilegiados y a las pocas multinacionales todopoderosas. El problema principal no es el presupuesto ni el salario deteriorado de los docentes artífices de profesionales. El problema debe pasar primero por el ojo avizor de la universidad que queremos construir, es decir, primero buscar el por qué y el para qué de la universidad venezolana como soportes de toma de decisiones trascendentales que sirvan de marco de medidas más específicas y concretas como el tema presupuestario y salarial.
Si a la mayoría le parece bien la universidad como fábrica de profesionales operarios que puedan aplicar y adaptar las tecnologías foráneas importadas de Estados Unidos, la Unión Europea, Rusia, China, Bielorrusia, Irán, Brasil y Cuba, pues ni modo, sinceremos el tema del presupuesto, centralicemos, y que el Estado se  encargue de bajar los recursos financieros para el pago a los profesores y el mantenimiento de la infraestructura. Si por el contrario, no estamos conformes con la situación actual de la educación superior es hora de revisar y redimensionar el rol de las universidades y así construir consensualmente la Ley de Universidades que aún está pendiente.
En este orden de ideas, todavía no entiendo por qué el anteproyecto de Ley de Universidades de 2010 - 2011 se ha tirado a la basura, pues aunque había algunos pasajes y conceptos cuestionables, en su mayoría iba en la dirección de una universidad al menos mejor de la que hoy tenemos: Se hablaba de integrar la metodología de proyectos como principal herramienta de facilitación de los aprendizajes, un enfoque que me permitiría como profesor integrar orgánicamente mis labores de docencia, investigación y de servicio comunitario; y no ese conflicto que hoy permanentemente tengo para congeniar esas actividades divergentes y dispersas debido al prisma de la burocratización, el presentismo y la falta de planificación y de vocación universitaria  de una parte de mis colegas directivos. Tensión y conflicto que atenta peligrosamente contra mi paz personal y familiar entendiendo que la salud es  un estado de bienestar  bio – psico – social.
Volviendo sobre el tema: ¿Por qué dicha ley no se discute a la luz de las diversas visiones y se mejora en atención de la universidad que todos deseamos? Otra pregunta a  la cual no he encontrado respuesta en otros congéneres. La vía mencionada por aquella ley era una universidad de encuentro de saberes, un rol más sistematizador y de comunicación con la sociedad multidiversa que es Venezuela, premisa que a mi parecer es bastante aceptable y razonable. Entonces vuelvo a insistir: ¿Por qué hay que copiar los modelos extranjeros capitalistas o socialistas? ¿Por qué no iniciar la creación de un modelo propio partiendo de lo que ya se tiene?
La respuesta quizás surge en mi cotidianidad: Hoy en un campus con escasos universitarios hablé con dos profesores críticos  y reflexivos, uno Ingeniero de Sistemas –creo- y el otro Orientador. Cabe destacar que tuvimos una conversación interesante mientras compartíamos un café. Hablamos de por qué la mayoría de  los venezolanos desconocemos e ignoramos de qué específicamente se compone un barril de petróleo de Pdvsa, cuál es su constitución, sus bondades, cuál es el proceso para colocarlo a puertas de exportación; también discutimos acerca de los nuevos tipos de Guerra (aérea, tecnológica, de confrontación física), y de porqué seguimos importando tecnologías. Todos teníamos ideologías políticas distintas, pero conferimos, hablamos, intercambiamos. Yo me fui de la plática con preguntas que nunca me había formulado y con otras que empezaré a cuestionarme… Todo ocurrió en paz, con respeto y de forma bastante natural y espontánea.
Ese momento que acabo de ilustrar se aproxima a la universidad que quiero, la del intercambio de ideas y encuentro de saberes. Si la universidad que mis coterráneos desean y pelean es  una universidad operaria, reproductiva y acrítica a favor de poderes de potencias mundiales tradicionales o emergentes, de multinacionales o de gobiernos nacionales o regionales pasajeros (como todo gobierno), entonces sería correcto que se declare y se diga ya, porque yo allí no encajaría, nunca he sido bueno para ser acrítico o pasivo; es decir, en sánscrito criollo: nunca he servido para ser mirón de palo ni convidado de piedra… Buscaré otros derroteros y otras formas porque la universidad en la que me formé, en la que creo y en la que deseo coexistir cada día se desdibuja más, se apaga en el discurso de las autoridades de las casas de estudio, de los gremios universitarios, de los estudiantes que atiendo, de los políticos nacionales e incluso de los documentos y de las directrices sancionados por la misma y sacratísima Unesco.

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