Sorprende la deficiente y distorsionada lectura que los líderes de Venezuela le dan a la realidad política nacional. El discurso está agotado y la metáfora de la polarización ya luce vencida y deshilachada. Nunca antes un presidente había tenido la oportunidad actual: La mayoría de la población conoce las causas de los problemas económicos, políticos, sociales y éticos, es decir, se cuenta con un escenario inmejorable para aplicar los correctivos necesarios con un amplio margen de consenso y legitimidad. Pero el presidente ni su gabinete son los únicos miopes frente a la complejidad de la situación con sus limitantes y oportunidades. Sigue siendo lamentable y un tanto vergonzoso el excesivo pragmatismo de la oposición, la cual luce un tanto desunida y sin un planteamiento serio para transformar al país desde perspectivas distintas a las del actual gobierno. No menos infelices son las declaraciones de la Conferencia Episcopal Venezolana ante la propuesta del matrimonio igualitario y ante el clima de inseguridad que ya penetró los recintos eclesiásticos cobrando la vida de dos sacerdotes salesianos. Ni hablar del desgastado y obsoleto discurso de las autoridades universitarias, de los empresarios...
Parece que el país va por un lado y los líderes van por otro, tan distinto que raya en lo opuesto. No podemos seguir optando por un populismo exacerbado de corte militarista y una oposición que pretende volver a 1999 como si aquí nada ha pasado. Los señores de la revolución bonita no parecen haber notado los errores que se han cometido y la reproducción de los vicios de la democracia representativa que tanto criticaron. Los líderes oposicionistas no reconocen los aciertos del proceso, siendo el más visible la conciencia despertada en el poder comunal organizado. La conciencia histórica en nuestros líderes no sabemos donde está. El país no se puede gobernar ni con excesos ideológicos ni con pragmatismos a ultranza. La ponderación, el equilibrio y el punto medio parecen no ser una virtud en esta Venezuela siendo percibidos la negociación y el consenso como debilidades. Si esto es así. ¿desde cuándo estamos en guerra?
Y es que la politología a casi treinta años en el país no ha sabido ocupar y ganarse el lugar de respeto que merece. Los politólogos y las politólogas no hemos ocupado el espacio que nos corresponde como asesores de las instituciones privadas y públicas del país. Si bien es cierto que muchos de mis colegas en cargos de asesores no se desempeñaron bien, no es justo que ahora todos quedemos invisibilizados por unos pocos. Los politólogos somos los llamados a asesorar a los partidos políticos, el gobierno, los empresarios, las organizaciones religiosas, las universidades y los gremios para ayudarles a leer la realidad política mundial - regional - nacional y local de forma holística. Yo pude desempeñar bien ese rol desde el sector comunitario pero como voluntario. Tampoco es justo que se nos considere cuando no pedimos honorarios profesionales, no obstante, cuando exigimos ese derecho comienzan a omitirnos alegando incapacidad presupuestaria, aunque muchas instituciones sí tienen partidas para costear servicios de analistas extranjeros que desconocen la realidad latinoamericana y venezolana; por eso han traído recetas dañinas como la escisión electoral de 1998 de resentimiento contra miedo, una de las causas de la metáfora de la polarización política que hemos decidido vivir y aceptar sin más ni menos durante quince años. Es hora de unirnos como gremio y exigir nuestro espacio porque ya es necesario, somos los asesores para lograr más atino de los líderes de nuestra sociedad, nos hemos preparado para ello y si la sociedad no nos considera pertinentes quizás sea porque como gremio profesional hemos fallado ¿Dónde está el Colegio de Politólogos de Venezuela al que pertenezco y del cual me quedó solo un carnet de recuerdo?
Quiero acotar además que el rol de asesor político solo es un campo laboral de la ciencia política, también somos educadores y socializadores políticos, función social necesaria en Venezuela cuando todos los expertos coinciden en la urgente prioridad de construir ciudadanía y republicanos para dejar de ser meros habitantes. Hay un terreno ganado, pero no es suficiente, la sociedad nos reclama y cuando escogimos ser politólogos es porque teníamos un don de servicio, pero valorándonos y haciéndonos valorar. ¿Por qué si un médico es mediocre no se generaliza ni se responsabiliza a todo el gremio de la salud? ¿Por qué hemos permitido que nos estereotipen y por qué hemos consentido que otros profesionales ocupen nuestros espacios naturales?
La sociedad necesita de nuestros servicios, demostremos que podemos servir y lograr la Venezuela pacífica y próspera que todos deseamos.
Parece que el país va por un lado y los líderes van por otro, tan distinto que raya en lo opuesto. No podemos seguir optando por un populismo exacerbado de corte militarista y una oposición que pretende volver a 1999 como si aquí nada ha pasado. Los señores de la revolución bonita no parecen haber notado los errores que se han cometido y la reproducción de los vicios de la democracia representativa que tanto criticaron. Los líderes oposicionistas no reconocen los aciertos del proceso, siendo el más visible la conciencia despertada en el poder comunal organizado. La conciencia histórica en nuestros líderes no sabemos donde está. El país no se puede gobernar ni con excesos ideológicos ni con pragmatismos a ultranza. La ponderación, el equilibrio y el punto medio parecen no ser una virtud en esta Venezuela siendo percibidos la negociación y el consenso como debilidades. Si esto es así. ¿desde cuándo estamos en guerra?
Y es que la politología a casi treinta años en el país no ha sabido ocupar y ganarse el lugar de respeto que merece. Los politólogos y las politólogas no hemos ocupado el espacio que nos corresponde como asesores de las instituciones privadas y públicas del país. Si bien es cierto que muchos de mis colegas en cargos de asesores no se desempeñaron bien, no es justo que ahora todos quedemos invisibilizados por unos pocos. Los politólogos somos los llamados a asesorar a los partidos políticos, el gobierno, los empresarios, las organizaciones religiosas, las universidades y los gremios para ayudarles a leer la realidad política mundial - regional - nacional y local de forma holística. Yo pude desempeñar bien ese rol desde el sector comunitario pero como voluntario. Tampoco es justo que se nos considere cuando no pedimos honorarios profesionales, no obstante, cuando exigimos ese derecho comienzan a omitirnos alegando incapacidad presupuestaria, aunque muchas instituciones sí tienen partidas para costear servicios de analistas extranjeros que desconocen la realidad latinoamericana y venezolana; por eso han traído recetas dañinas como la escisión electoral de 1998 de resentimiento contra miedo, una de las causas de la metáfora de la polarización política que hemos decidido vivir y aceptar sin más ni menos durante quince años. Es hora de unirnos como gremio y exigir nuestro espacio porque ya es necesario, somos los asesores para lograr más atino de los líderes de nuestra sociedad, nos hemos preparado para ello y si la sociedad no nos considera pertinentes quizás sea porque como gremio profesional hemos fallado ¿Dónde está el Colegio de Politólogos de Venezuela al que pertenezco y del cual me quedó solo un carnet de recuerdo?
Quiero acotar además que el rol de asesor político solo es un campo laboral de la ciencia política, también somos educadores y socializadores políticos, función social necesaria en Venezuela cuando todos los expertos coinciden en la urgente prioridad de construir ciudadanía y republicanos para dejar de ser meros habitantes. Hay un terreno ganado, pero no es suficiente, la sociedad nos reclama y cuando escogimos ser politólogos es porque teníamos un don de servicio, pero valorándonos y haciéndonos valorar. ¿Por qué si un médico es mediocre no se generaliza ni se responsabiliza a todo el gremio de la salud? ¿Por qué hemos permitido que nos estereotipen y por qué hemos consentido que otros profesionales ocupen nuestros espacios naturales?
La sociedad necesita de nuestros servicios, demostremos que podemos servir y lograr la Venezuela pacífica y próspera que todos deseamos.
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