domingo, 6 de febrero de 2011

Mis Cinco Valles (II): Boconó

El valle de Boconó ha desprendido admiraciones de visitantes, cronistas y expedicionarios, desde tiempos inmemoriables hasta hoy. Ha sido descrito tanto por poetas hasta por simples viajantes como la gama de verdes màs extensa y diversa que han podido ver y que cualquiera haya podido si quiera soñar. El valle està serpenteado por el alto y medio (rìo) Boconó,entre altitudes que oscilan entre 1200 y 4400 metros sobre el nivel del mar, con montañas siempre verdes y pàramos perpetuos, cruzados por infinidad de quebradas y zanjones. El valle es de vocaciòn agrìcola con predominancia del cultivo de cafè y pequeñas extensiones de pastoreo. Està ubicado en el occidente de Venezuela, es el portal y la sala de estar de Los Andes Venezolanos.

En el centro se encuentra la ciudad de Boconò con escarpadas calles, con una temperatura promedio de 20 grados centìgrados, sin arquitectura presuntuosa exeptuando la catedral con torre tipo aguja gòtica. Pero el valle tiene otros asentamientos urbanos derivados de villas y encomiendas de la època colonial, como Tostòs, Niquitao, San Miguel, San Rafael,y otros que se han conformado por el devenir geohistòrico ligado a la actividad comercial y agrìcola, asì surgen Batatal, Las Mesitas y Mosquey; todos pueblos tìpicos andinos con temperaturas inferiores a los 20 grados centìgrados la cual varìa de acuerdo a la altitud.

La tìpica cultura andina de herencia cuica y andaluza/extremeña es evidente en la gastronomìa, la topinimia y el fervor religioso. Boconò tiene aroma de cafè pero tambien huele a perfume de mujer, por su cantidad de flores y olor a musgo, o quizàs por la exquisitez y dulzura de sus habitantes fèminas, quienes aparte de ser bellas desprenden en todo momento afabilidad, encanto y mucho empeño y vigor por la vida. Boconò siempre te recibe con un humeante cafè recièn colado, recientemente molido, tostado y cosechado. Transmite paz, serenidad, activando de esta forma la creatividad y el gusto por el amor, el arte y la naturaleza.

Siempre recuerdo mis expediciones al rìo Burate (hermano simbiòtico del Boconò) donde los primeros expedicionarios españoles pensaron sin èxito obtener oro, pero al ver las condiciones del clima y de la tierra, decidieron renunciar a la bùsqueda de El Dorado y dejar que la capital portàtil Trujillo fuera en busca de otro asentamiento. Esa es la sensaciòn que aùn pervive en quienes lo visitan y quienes lo moran, nace el sentimiento de no querer abandonarlo, como si otro sitio del planeta no tuviera las bondades que este valle ofrece.

Una vez que visitas a Niquitao tienes la impresiòn que dondequiera que osbservas, salta una postal de ensueño; este pueblo tìpico andino se integra tan perfectamente con el sistema de montañas que apenas se le puede dar crèdito a lo que tus ojos ven. Igual sucede con el parque natural Rio Negro (alto Boconò) donde serpentea un río remanso, curvado, cristalino, con lecho de piedras oscuras, rodeado de praderas verdes en el cual pastan ganado y caballos. Es algo casi celestial.

Algo màgico siempre surge del ambiente, es fàcil dibujar una sonrisa en el rostro del vistante ya sea por la gente amable, por el paisaje, por la arquitectura modesta, el arte tallado en piedra o madera de acentuada influencia cuica, la belleza de las boconesas, o bien por la brisa templada que trae aromas exquisitos mezclados de flores, musgo, cafè y esencia de mujer... que hace de este valle un paraje inolvidable bañado de hermosos rìos, lagunas y praderas, que sin duda activan un sentimiento de arraigo difìcil de ignorar.

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