Nacì en Caracas. Soy descendiente de descendientes boconeses, trujillano de sangre y estirpe. Mis padres enclavaron una cultura andina en el Valle de Caracas para construir -con bastante éxito- su seno familiar. De Caracas recuerdo su cielo azul. Siempre me decìa - y aùn lo digo- que no hay cielo màs azul que el de Caracas. Las nubes me parecìan columnas majestuosas que reafirmaban la gloria de Caracas. En este Valle crecì bajo la tutela de mis padres, mi hermanos -en especial de mi hermana Lucrecia, docente como ninguna- y de los Carmelitas Descalzos; ademàs, por si fuera poco, crecí escuchando las letras sociales de las canciones de Alì Primera y de Rubén Blades reproducidas de forma entusiasta por mi hermano y sus amigos (amigotes, segùn mi padre). De allì mi complejidad para muchos, complicaciòn para otros pocos...
También recuerdo cuando el Ávila era asequible por el oeste: Disfrutaba comer guamas en la casa rural de un compadre Rosendo de mi padre, en realidad sòlo recuerdo de esas expediciones el verdor y el aire fresco del Guaraira Repano... Los domingos después de misa, mi padre nos llevaba religiosamente al Parque Arístides Rojas, recuerdo sus zanjones que lo cruzaban y su ambiente polvoriento mezclado con el olor del algodòn dulce.
Mi memoria tambièn proyecta los torrenciales aguaceros y los rezos que mi hermana Tibisay insistìa en ofrecer por las personas que habitan en las casas de Techos de Cartòn. Sabìamos que aún siendo humildes éramos privilegiados.... Hablando de aguaceros, era increíble como todos los primeros de mayo comenzaba de forma contundente el período de lluvia, asunto inquietante para muchos que tenían su primera comuniòn en la parroquia San José Obrero de Los Frailes de Catia.
Yo disfrutaba como nadie el Parque del Este con sus buses interiores, un museo del transporte y la réplica de La Niña, o de La Pinta, quizás la Santa María... Pero más espectacular me parecía el Museo de Los Niños, aguardando siempre la sesión del programa de televisión. Aprovechaba también para subir al piso 64 de la torre oeste de Parque Central y contemplar el valle, e imaginarme el Guaire en sus tiempos cuando era limpio...
Caracas es un valle tan hermoso que aún cuando está superpoblado y supercontaminado conserva su belleza. El jardín botánico destaca por su peculiar verdor que sirve como pulmón vegetal de la mega ciudad. Destaca la Universidad Central de Venezuela, patrimonio de la humanidad y ópera prima de Villanueva, amén de la Urbanización El Silencio, creación del mismo genio.
Gracias al deporte callejero de pitchar chapitas para batearlas con medio palo de escoba, en los atardeceres, las chapas de botellas incrustadas en el asfalto, reflejan la luz casi perpendicular del sol y semejan estrellas doradas que inundan las calles empinadas como si prometieran un derrotero ensoñador pero aún escurridizo...
Cae la noche capitalina y se cierne sobre el valle una Caracas más cosmopolita, más iluminada, más urbana y más atrevida que la del día. Los cerros poblados semejan pesebres con sus luces intermitentes, el cielo es ahora azul petróleo con estrellas que no se inmutan ante la contaminación para reflejar su luz, como dándole ánimo a la luna para que sea testigo de los sueños y desencuentros de los habitantes de la aún gloriosa ciudad de luces, remanso de bellezas....
Mi estimado amigo: escribes "desde la intuición" como dice otro buen amigo que, tal como tú, es descendiente de boconeses quienes un día, decidieron hacer vida en la gran ciudad de Caracas, y que también como tú anhela, lleno de nostalgia, la "ciudad que ya no es", como suelo decir de nuestro Boconó. Ya espero leer con detenimiento tu vivencia de nuestro valle andino, privilegiado (más allá del pensamiento de lo regional que pueda habitar en mí) por muchas razones, sobre todo por esos paisajes llenos de la más nutrida variedad de verdes que he visto en lugar alguno. Gracias por este escrito; me gusta pensar que Caracas, si al menos no así como la viviste, tal vez un poquito vuelva a ser la ciudad tan llena de detalles para el propio y para el extraño. Me gustó tu prosa, tu delicada forma de detallar, en el breve espacio, cantidad llena de calidad de detalles de tu propia historia, la de los tuyos, y por supuesto, el aporte a lo que es el venezolano, a partir de la explotación del "oro negro". Un abrazo, Hermano. Jesús, desde Boconó de Trujillo.
ResponderEliminarGracias,estimado amigo. Me motivas a seguir escribiendo...
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