El sé como duele de la emigración venezolana o cuando
el xenófobo chalequeador se convierte en chalequeado
Por Felipe A. Bastidas T.
En días recientes se generó una nueva polémica en las redes sociales por un chiste discriminatorio proferido por una joven peruana en contra de los inmigrantes venezolanos, mientras desarrollaba un número humorista en un sitio nocturno de la bella ciudad de Lima. En realidad, al parecer, no fue más que un comentario de muy mal gusto, quien con soberbia -no con ironía ni sarcasmo- hizo alusión al buen trato de los venezolanos al “servirles” a los peruanos. Para infortunio de la desprevenida y aspirante a humorista, el video de su presentación fue subido a internet, donde de inmediato recibió las críticas enardecidas, hirientes y despiadadas de cientos de muy ofendidos venezolanos y personas de otras nacionalidades, incluyendo, periodistas y líderes de opinión. Tan aguda fue la reacción que la chica se vio obligada a cerrar las cuentas de su suscripción a redes sociales, fue vetada en el bar nocturno y, hasta ahora, no ha replicado.
Cabe destacar que
los venezolanos tenemos la propensión a ejercer la memoria corta, pues es muy
conveniente para no reconocer nuestros errores, buscar culpables hasta por
debajo de las piedras y, así, no hacernos corresponsables de nuestros actos, faltas,
virtudes, recursos y destino. Olvidan los ardidos venezolanos 2.0, que, hasta
hace apenas una década, en Venezuela eran comunes y muy celebrados los sketchs televisivos plenos de burlas,
chistes, mofas; es decir, un refinado sistema humorista discriminatorio en
contra de inmigrantes portugueses y gallegos, y en menor medida, hubo este género
sofisticado de xenofobia en contra de peruanos, argentinos, colombianos y otras
nacionalidades cercanas y otras lejanas como los árabes y asiáticos. Aunque
nuestros humoristas, como todo venezolano, sí saben usar los recursos y estilos
humorísticos (a diferencia de la joven cáustica peruana), para muchos, ha
pasado inadvertida esta triste realidad xenófoba de nuestra historia, que,
gracias al humor televisivo, quedó registrada.
Y es que como las palabras no son neutras ni inocentes, los chistes, bromas y apodos, tampoco lo son. Es preciso recordar a la Venezuela donde fueron célebres los sketchs representativos de portugueses, a quienes solo se les ubicaba en su pequeño negocio de frutería o panadería. Ciertamente, muchos de esos inmigrantes vinieron a ocupar esos oficios; pero lo que no se reflejó en esos programas de humor, es que lo hicieron con tanto éxito, que hoy por hoy, algunas cadenas de hipermercados del territorio nacional son productos de la bodeguita o la frutería del portugués o el gallego inmigrante del período postguerras: Central Madeirense y Excelsior Gamma son ejemplos de ello. Tal hazaña no fue representada en estos programas humoristas, sin embargo, estos, son la expresión de nuestras actitudes xenofóbicas, algunas de ellas, comprensibles por la común tendencia etnocentrista de cualquier nación en formación.
Como evidencia de lo anterior, el pasado 13 de mayo, día de las madres, se postea por Facebook, como regalo, un chiste referido a una misiva de un hijo gallego a su madre, demás está decir que allí se desarrollaba el injusto estereotipo de la escasa inteligencia que se le ha endilgado a estas astutas, emprendedoras y trabajadoras personas, de las cuales, junto a los españoles isleños y los corsos, hemos heredado costumbres, tradiciones y valores; plasmados en muchas de nuestras festividades, gustos y gastronomía.
Aquí es preciso subrayar que en Venezuela el chiste es un vehículo de violencia simbólica, que encubre, bajo la forma de chanzas, discriminaciones xenofóbicas, machistas, misóginas, homofóbicas, transfóbicas, racistas, entre tantas otras. Su efectividad reside, en que en nuestra sociedad es inaceptable no formar parte de los chistes o chalequeos (hostigamiento escondido detrás de las bromas), pasando de inmediato como una persona amargada quien no comparta o no participe de estas expresiones sociales violentas[1]. Estos sketchs donde se representaba y se estereotipaba a grupos de inmigrantes fueron muy populares en las tres últimas décadas del siglo XX, y hoy, han trasmutado en formato 2.0 en redes sociales y otras plataformas como You Tube, incluso, han sido versionados en videos comerciales.
Al estereotipar negativamente al inmigrante se le está invisibilizando y, por ende, desconociendo, en primera instancia, su condición humana, lo que de inmediato lleva a desconocerle sus derechos humanos: se le omite el aporte de su trabajo a la sociedad receptora, lo que a su vez lleva a no reconocerle sus derechos económicos, políticos ni sociales[2]. Entonces, no es nada inocente lo que la chica humorista peruana acaba de realizar (así como otros casos como el de un cantante urbano panameño refiriéndose de forma peyorativa a las inmigrantes venezolanas), como tampoco, lo fue en su tiempo los populares sketchs de portugueses, gallegos y otros inmigrantes, aún hoy vigentes en la sociedad venezolana reproducidos o versionados en redes sociales y en números de humor presentados en teatros y bares.
Es cierto que estos sketchs del pasado tuvieron un contexto sociocultural distinto al actual, pues cada vez hay mayor atención e intolerancia en el mundo con respecto a la xenofobia, el racismo, el machismo, la homofobia, la transfobia, el antisemitismo y la islamofobia, entre otras actitudes discriminatorias. Pero es el momento de reconocer que tampoco los venezolanos fuimos del todo receptivos con nuestros inmigrantes, cargándolos de apodos, estereotipos, prejuicios y, de forma cruel, sacando chistes y bromas de sus oficios, modo de vida y costumbres; acciones que sin duda afectaron o retardaron su integración social a Venezuela, y puertas adentro, se desconoce cómo afectaron la autoestima de personas y familias.
Hasta ahora solo nuestro amado Simón Díaz, ha reconocido que fue un error haber practicado los micros humoristas radiales y televisivos discriminatorios contra las personas trans reunidos en el Show de las locas. Díaz, en una entrevista dijo, que después de haber reflexionado con su esposa, ambos llegaron a la conclusión que esos micros, no solo eran irrespetuosos, sino que invisibilizaban el aporte social de las personas trans a nuestro país, razón por la cual, dejaron de producirlos.
No faltará quien salga a defender a nuestros humoristas y a nuestra forma mordaz de reírnos de nosotros mismos y de los demás. Con este escrito, solo pretendo recordarles que, así como nos sentimos mal con el chiste xenofóbico de la infortunada humorista peruana, así se resintieron nuestros inmigrantes portugueses, gallegos, colombianos, peruanos y tanto otros a quienes los rotulamos y encasillamos con estereotipos negativos, muchos de ellos, aún vigentes y generadores de chistes, apodos, burlas, en fin, de invisibilizaciones. Frente a estas acciones, nuestros inmigrantes no tuvieron réplica ni queja, pues adicionalmente se granjeaban la calificación de amargados o personas con poco sentido del humor, característica inaceptable en la otrora alegre, dicharachera y ensimismada sociedad venezolana. Tampoco le dimos un ápice de oportunidad a la humorista peruana que torpemente nos volteó la tortilla.
Por todo lo anterior, y haciendo un ejercicio de otredad, comienzo a pedir disculpas y perdón por los daños emocionales y sociales causados por los chistes, bromas, ofensas que acepté o accioné en contra de los inmigrantes en Venezuela, con quienes tuve contacto como compañeros de clase, vecinos, prestatarios de servicios, profesores, religiosos o simples transeúntes. Me disculpo y pido perdón por no advertir que solo vinieron a este país con la firme intención de trabajar y adquirir condiciones dignas de vida. También pido disculpas por ni siquiera preguntarme si en sus países de origen dejaron títulos, profesiones u oficios, tal actitud no fue con la intención de descalificarlos, sino porque nací y crecí en un país de inmigrantes, donde era natural que cualquier persona de mi entorno viniera de otro país, provincia o ciudad.
Todo este asunto del flujo migratorio venezolano, o como dicen algunos, la diáspora venezolana, sirva para aprender a valorarnos y valorar y reconocer a Otros. Allende a nuestras fronteras, miles de compatriotas están experimentando vívidamente que los colombianos, ecuatorianos y peruanos son personas solidarias y generosas, no seres mercantilistas ni oportunistas como siempre los etiquetamos; que para nada los chilenos, argentinos o uruguayos son soberbios o “sobra´os”, sino más bien son personas humildes dispuestas admirarnos y considerarnos; que muchos estadounidenses no son seres consumistas, superfluos y elementales -como los presenta Arjona en su canción Si el norte fuera el sur-; aún más, según mi querida amiga Anihec Pantoja, en Galicia fue recibida por médicos, sociólogos y trabajadores sociales, la mayoría mujeres, que le prestaron asistencia de salud, humana y afectiva con total desprendimiento y con mucho afecto y consideración, máxime, le dieron cobijo y la orientaron para que fuese a reunirse con sus parientes emigrantes en el sur de España.
Reconozcamos la lección en estos duros momentos. No olvidemos, que hasta hace poco, éramos los soberbios o pantalleros de este hemisferio, utilizábamos nuestro poder adquisitivo -gracias al petrodólar- para humillar a nuestros vecinos y congéneres, nos burlamos a mandíbula batiente de las desgracias o mala situación de muchos inmigrantes o naciones. No fuimos lo suficientemente empáticos. Ahora, cuales fans de Karina, nos toca cantar Se como duele… Solo invito a reflexionar.
Los Guayos, 9 de junio de 2018
[1] Más sobre esto: en Bastidas, F. y
Torrealba, M. (2014). Definición y desarrollo del concepto “proceso de
invisibilización” para el análisis social. Una aplicación preliminar a algunos
casos de la sociedad venezolana. Revista Espacio
Abierto 23 (3). Disponible: www.redalyc.org/articulo.oa?id=12232258007
[2] Ibíd.
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