martes, 4 de marzo de 2014

El poder de las ideas Descuidar el pensamiento puede generar cáncer intelectual

Uno de los eventos más difíciles de precisar y conceptuar es el pensamiento, no obstante, se asume como una verdad consensual que es la característica principal que diferencia a los seres humanos de los otros seres vivos habitantes de este planeta. Partiendo de esta verdad consensual, asumo que el pensamiento es la capacidad (virtud, facultad, potencialidad) humana de generar, innovar, remozar, sustituir y embellecer ideas; algo que los animales están aún lejos de alcanzar, según lo sugerido hasta ahora por científicos, filósofos y metafísicos.
     Pero entonces sobreviene la pregunta: ¿Qué son las ideas? Barrera (1999) responde que cada quien tiene un concepto distinto de las ideas dejando entrever que no hay un acuerdo absoluto en su definición. Por esta razón,  este autor sólo se atreve a señalar  que las ideas “están asociadas al carácter, con la personalidad, con la mayor o menor comprensión de las cosas” (p. 41); es decir que son individuales y  que a mayor generación, adquisición o adaptación de ideas, mayor comprensión y conocimiento de los hechos y circunstancias que envuelven al ser pensante.
     Se puede decir que las ideas son las formas de ver (percibir, abordar, aprehender o comprender) las cosas (hechos, situaciones, seres, objetos, procesos). De allí, logro inferir que contienen creencias, valores, juicios, prejuicios, intuiciones, premoniciones, percepciones y comprensiones. Así, los seres humanos, al pensar o al generar ideas, están construyendo o transformando su propio entorno o mundo; pues lo que “ven” es lo que “creen”, “sienten”, “perciben” o “entienden”.  Las ideas son expresiones, sensaciones, explicaciones y deseos.
     Bajo este parámetro, las ideas necesitan de un vehículo, algo que las transporten y las puedan manifestar. Ese vehículo es la palabra, que le da soporte y ejecución  a la idea. Los juegos de palabras o las combinaciones de ellas, no son más que representaciones o modelos de lo que se percibe, se intuye o se siente acerca de sí mismo, del mundo, de la sociedad, de Dios, de la historia y del Universo.
     Entonces cabe preguntarse si no son pocas las palabras que hay en un diccionario para expresar las miles de ideas que tienen los miles de millones de seres humanos que coexistimos en la Tierra. Con este cuestionamiento,  comprendo por qué resulta a veces tan difícil la comunicación y por qué una idea – palabra puede ocasionar una revolución o una guerra.
    De esta manera se me ocurre que las ideologías vienen a ser la simplificación de ese complejo problema: se establecen ideas  generales  para que un grupo de personas sepan compartirlas, comunicarlas, expresarlas y vivirlas. Las ideologías son sistemas de ideas que interpretan principalmente al mundo, a la sociedad y a la historia. Las ideologías llevaron a guerras, pero por otra parte, pueden cohesionar y conducir a grupos y sociedades a un fin común.
      A la luz de este razonamiento, este puede ser el problema de Venezuela: Hay muchas ideas, pero no están sistematizadas, puedo asegurar (sin ánimos de generalizar) que en el país las ideologías son casi inexistentes, o mejor dicho,  están poco fortalecidas o poco actualizadas; las ideas parecen estar divorciadas de las palabras; no hay conexión entre: sentimiento – pensamiento – expresión – representación - acción. La razón principal de tal hecho es que vivimos con ideas prestadas, importadas de otras latitudes, inconsistentes con nuestro contexto, con nuestras propias intuiciones y percepciones. Hemos relegado el pensamiento a la mera “adquisición y adaptación” de ideas, olvidando que lo fundamental es la creación o innovación de las mismas, para luego remozarlas y embellecerlas; sistematizándolas en una ideología para interpretar y reordenar nuestra realidad.
     Así, hemos fabricado nuestra propia trampa: Usamos ideas que no nos ayudan a generar otras nuevas, no creamos; por lo tanto, nos quedamos con menos ideas, y por consiguiente, tenemos menos comprensión no sólo de nuestra realidad, sino del acontecer mundial; nos cuesta representar y, por ende, conocer. Esto dificulta la modelación y transformación de nuestro entorno y del universo mismo, hasta parece un cáncer intelectual. 
     Para Venezuela y América Latina ya llegó la hora de cambiar de actitud. No basta con ser creativos sólo en el aspecto artístico, necesitamos generar ideas propias en las dimensiones social, moral, política y económica. La pobreza intelectual conlleva a la miseria económica y espiritual. Es preciso aprovechar las actuales transformaciones sociopolíticas para que nos (re) conozcamos  y (re) creemos nuestra existencia en el concierto universal. Para esto es preciso revisar las ideas que tenemos sobre las ideas, constituir una ideología propia partiendo de las coincidencias y no de las diferencias. En el país existe talento para ello. Hay que sentarse a pensar, frenar el cáncer intelectual y sanar nuestro sistema de ideas con ideas nuevas.  .

Referencias: Barrera, M (2001). El intelectual y los modelos epistémicos Sypal: Caracas.
                     Games, H (1994). Ideas, palabras, imagen en El Nacional. Caracas 1º de julio.  
Comandanta

Me pregunto cuáles serán los laberintos de tu inextricable alma
Cuál es la fuente de dolor profundo que humedecen tus ojos
Cuál es tu fortaleza tejida de ideas y utopías
Cuál es tu camino, cuál es el destino que percibo y quizás entiendo
En una imagen televisada pareces cargada de odio
Pero mi alma a dentelladas me indica una nobleza a mis ojos escondida
Me gustaría hablarte, discurrir contigo porque presiento que coincidimos
Se que tengo las palabras esquivas que buscas con desesperación
En una plaza de pueblo quisiera que nuestros niños interiores jueguen metras
En un banco de plaza de pueblo quisiera hablar contigo en código adolescente de futuro
En un retrete de  plaza quisiera que dibujáramos el país a dos manos,
aunque en apariencia somos irreconciliables,  sé que lo podemos lograr
Quizás compartimos la misma ideología, aunque no los medios
Yo, también como tú,  he sentido los caprichos del poder malsano
Han fragmentado y minado nuestra senda de diálogo
Colocamos mil limitaciones para hablar,  porque usamos mil intermediarios y mil intérpretes
Somos iguales en el fondo y en la fuente proyectiva de despliegues
Pero el exceso de ideas cargadas de resentimiento y de diccionarios prestados minimizan la ecuación comunicacional
Nos marginamos y nos excluimos ignorando que todos al final somos uno
Quizá el error es querer diseñar un país, sin advertir que país es lo que somos
Quizá el error está en construir una nación, desestimando que nación somos todos
La Umma, la fraternidad, la universalidad, son palabras que han perdido significado porque las hablamos tanto que las desgastamos, sin haberlas degustado ni digerido
Después de cantarte mis inquietudes, sé que el anti nodo relacional entre tú y yo es menos denso
Espero que desde tu celda la traición no melle tu alma,
que en el cerro de cemento devenido en castigo, tal vez puedas reflexionar mi intuición
La libertad resulta a veces escurridiza, imperceptible, pero es, en verdad, lo que nos mantiene vivos
Nunca, nadie puede arrebatarnos la libertad, porque los sueños no necesitan del espaciotiempo
Las celdas no están en un cerro de concreto sino en quien renuncie a sus ideales o carezca de ellos
Por eso tú y yo, aunque “estemos”  en extremos engañosos, siempre seremos libres,
eso nos une, y además nos abre un halo de luz de esperanza para nuestro reencuentro
Felipe Antonio Bastidas Terán.  29 –10 -2004



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