Para conocer el
mundo y aproximarse a él, ya sea para
explicarlo, modificarlo o simplemente vivirlo; necesariamente se ha de partir
de lo cotidiano, de lo inmediato y de lo contextual. El ser humano, como ser en situación, determina su contexto
social contiguo, pero ése mismo contexto social lo determina a él; en palabras
más pedagógicas, la persona aprende de los demás, y los demás aprenden de la
persona. Como ser en situación, la persona también es ser en relación. Por lo tanto, dependiendo de la buena relación que
el ser humano tenga con su contexto, mejor será su capacidad para conocer,
aprender y vivir; e incluso mejor se desenvolverá a medida que vaya
trascendiendo fronteras espacio - temporales.
Todo lo anterior está condicionado por la
forma como la persona armonice con su entorno. Es necesario que la persona
establezca una relación de afecto, de amor, con su geografía, con la historia y
la cultura del sitio donde nació, o se
ha desarrollado. Esta relación amorosa y armónica, incide en el futuro de los
niños, en su capacidad de adaptación y de
vivir plenamente en cualquier escenario. Para ello la educación ha de favorecer
y propiciar ese amor, esa relación armoniosa entre ser humano – contexto socio
geográfico y socio cultural. De esa manera el niño tiene dominio de su entorno,
se siente seguro; lo cual es la base para que en el mañana pueda desenvolverse
ante cualquier situación con seguridad, firmeza y libertad.
A esto Rojas (1995), lo denomina
Topofilogogía, que es educar desde el amor por el sitio donde se nace y donde
se vive; como una medida segura de autonomía, independencia, y una forma de
propiciar el amor a la nación, al mundo y al universo.
En este sentido, la educación en el
contexto rural ha de ser abordada por un topofilogogo, que investigue,
transforme y ame, junto con sus estudiantes la vida del campo; entienda sus
problemas, ayude a la comunidad a resolverlos, promueva la conciencia sobre la
existencia y el valor de lo rural desde sí mismos. Esto es necesario, por
cuanto en la educación rural es muy importante trabajar el auto estima y la
autovaloración entre los niños y sus padres.
Para lograr lo anterior, el
tipofilogogo rural ha de ubicarse y enterarse de las normas familiares, la autonomía
del niño, la valoración familiar de la educación; también ha de compartir el
lenguaje, las costumbres y normas sociales del contexto, de tal forma que su
convivencia sea efectiva; y le pueda enseñar a sus estudiantes a amar a su
entorno, y a planificar un posible futuro en él; siendo líder en la mejoras de sus
modos de vida sin imposiciones socio culturales externas o urbanas.
Finalmente el topofilogogo, ha de
convertirse en un mediador del lenguaje concreto o restringido, del estudiante
y la comunidad, y del lenguaje formal o
elaborado de la sociedad. El maestro rural ha de buscar ese consenso para
generar una comunicación efectiva en la escuela y promover una mejor educación.
Para lograr esto, el docente rural ha de ser un co - conocedor, co –
investigador, co - amador y co - transformador del entorno en el cual se
desempeña.
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