martes, 4 de marzo de 2014

La Topofilogogía en la Educación Rural

Para conocer el mundo y aproximarse  a él, ya sea para explicarlo, modificarlo o simplemente vivirlo; necesariamente se ha de partir de lo cotidiano, de lo inmediato y de lo contextual. El ser humano, como ser en situación, determina su contexto social contiguo, pero ése mismo contexto social lo determina a él; en palabras más pedagógicas, la persona aprende de los demás, y los demás aprenden de la persona. Como  ser en situación, la persona también es ser en relación. Por lo tanto, dependiendo de la buena relación que el ser humano tenga con su contexto, mejor será su capacidad para conocer, aprender y vivir; e incluso mejor se desenvolverá a medida que vaya trascendiendo fronteras espacio - temporales.
             Todo lo anterior está condicionado por la forma como la persona armonice con su entorno. Es necesario que la persona establezca una relación de afecto, de amor, con su geografía, con la historia y la cultura del sitio donde nació, o  se ha desarrollado. Esta relación amorosa y armónica, incide en el futuro de los niños,  en su capacidad de adaptación y de vivir plenamente en cualquier escenario. Para ello la educación ha de favorecer y propiciar ese amor, esa relación armoniosa entre ser humano – contexto socio geográfico y socio cultural. De esa manera el niño tiene dominio de su entorno, se siente seguro; lo cual es la base para que en el mañana pueda desenvolverse ante cualquier situación con seguridad, firmeza y libertad.
            A esto Rojas (1995), lo denomina Topofilogogía, que es educar desde el amor por el sitio donde se nace y donde se vive; como una medida segura de autonomía, independencia, y una forma de propiciar el amor a la nación, al mundo y al universo.
            En este sentido, la educación en el contexto rural ha de ser abordada por un topofilogogo, que investigue, transforme y ame, junto con sus estudiantes la vida del campo; entienda sus problemas, ayude a la comunidad a resolverlos, promueva la conciencia sobre la existencia y el valor de lo rural desde sí mismos. Esto es necesario, por cuanto en la educación rural es muy importante trabajar el auto estima y la autovaloración entre los niños y sus padres.
            Para lograr lo anterior, el tipofilogogo rural ha de ubicarse y enterarse de las normas familiares, la autonomía del niño, la valoración familiar de la educación; también ha de compartir el lenguaje, las costumbres y normas sociales del contexto, de tal forma que su convivencia sea efectiva; y le pueda enseñar a sus estudiantes a amar a su entorno, y a planificar un posible futuro en él; siendo líder en la mejoras de sus modos de vida sin imposiciones socio culturales externas o urbanas.
            Finalmente el topofilogogo, ha de convertirse en un mediador del lenguaje concreto o restringido, del estudiante y la comunidad,  y del lenguaje formal o elaborado de la sociedad. El maestro rural ha de buscar ese consenso para generar una comunicación efectiva en la escuela y promover una mejor educación. Para lograr esto, el docente rural ha de ser un co - conocedor, co – investigador, co - amador y co -  transformador del entorno en el cual se desempeña.


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