martes, 4 de marzo de 2014

Reflexiones sobre el valor de la vida en Venezuela

El valor vida en la sociedad venezolana
     Cuando se observa con detenimiento la realidad venezolana se puede notar que la violencia impera en algunos ámbitos sociales. Así se tiene: violencia familiar o doméstica, violencia urbana, inseguridad, violencia escolar y violencia política (enfrentamientos físicos, ofensas, corrupción, tráfico de influencias). Esta violencia está relacionada con otros problemas sociales a los cuales no se les ha encontrado la solución apropiada; entre los que  destacan: el alcoholismo, el tabaquismo, uso indebido de drogas, embarazo precoz, embarazo no deseado, infecciones de transmisión sexual (ITS), contaminación del ambiente, falta de planificación urbana y atención coordinada y preventiva a catástrofes naturales.
     La relación o el punto en común de todos estos problemas es la importancia que se tiene de la vida en la escala de valores de los venezolanos, la cual no goza de una posición privilegiada. Este argumento se sustenta en el hecho de la poca efectividad o del mínimo impacto de las campañas sociales e informativas, ya sean por parte del Estado o de la sociedad civil (apartando la falta de sistematización y constancia) dirigidas a solucionar los problemas sociales que aquejan a la población venezolana.
      Como corolario se tiene los pocos resultados, incluso el efecto inverso, de la campaña para evitar el consumo indebido de estupefacientes que adelanta Alianza Para Una Venezuela Sin Drogas, desde hace de diez años aproximadamente.
      En este sentido, muchos venezolanos conocen cuáles son las medidas preventivas de las ITS (Cf. Núñez, 2001), las consecuencias para la salud de fumar cigarrillos, de la ingesta de licor en exceso, las medidas de seguridad viales, la prevenciones a la hora de construir viviendas, las prevenciones para embarazos no deseados, de la diabetes, entre muchos otros problemas de salud pública.
      Pero paradójicamente, aun sabiendo las prevenciones y consecuencias de muchos de estos males, las personas no cambian su actitud frente a estas situaciones. La solución parece rebasar la información, el conocimiento; incluso la conciencia. ¿Por qué más allá de la conciencia? ¿Por qué muchas personas fumadoras, a pesar de haber tenido un ser cercano que haya padecido cáncer de pulmón,  sigue fumando? Aún más, las personas reconstruyen sus casas donde perecieron familiares por  consecuencia de desastres naturales que se pudieron prevenir; con el mal recuerdo, las personas (y el Estado lo permite) construye y reconstruye en los márgenes de los ríos, en zonas de deslave, entre otras situaciones de riesgo que al parecer abundan en Venezuela.
     Por eso no es atrevido decir que la vida no es un valor importante para el venezolano. A continuación se presentan las respuestas que se dan ante los dilemas éticos que plantean los problemas sociales relacionados con este valor:
- Violencia Familiar: “Ese fue el marido que me tocó”, “Lo hago por mis hijos”, “el me mantiene” (importa es vivir como sea, la calidad de vida no importa)
- Violencia Urbana: “Lo mataron por un par de zapatos” (el valor material está por encima del valor vida).”Los extintores del edificio no funcionan” (la vida no importa).
- Violencia Política: “Me enfrento a los guardias o a la policía por defender mis ideales” (la patria tiene más valor que la vida). “El viaducto de la autopista Caracas – La Guaira está a punto de colapsar, no tuvo el mantenimiento debido por décadas” (La vida no importa).
- Salud: El fumador/obeso/hipertenso: “De algo me tengo que morir” (la vida se reduce al placer, la calidad de vida no importa).
 - Contaminación Ambiental: Quien tira la lata a la calle: “Hay que dejarle trabajo a los recoge-lata”,  (Me importa mi vida no la de otros, la vida en sociedad no importa), Botar Basura en espacios no adecuados (la vida se reduce a mi espacio, la vida en sociedad no me importa, la vida es algo fragmentado). Falta de Planificación Familiar: “Donde comen tres comen cuatro” (la calidad de vida no importa)
      Otra demostración del valor vida de muchos venezolanos es no tener como prioridad la visita preventiva al médico “Si voy me va hacer gastar con el tratamiento”, “De algo me tengo que morir”, “Al ir al médico ya me declaro enfermo”.
     De esta manera queda demostrado que la vida no es una prioridad, no está en la punta de la pirámide de muchos venezolanos. Pareciera que la vida no se toma como un don o una virtud, sino más bien como un recurso que hay que “aprovechar” o “simplemente disfrutar”.Esta situación puede ser una de las causas principales de la descomposición de la sociedad venezolana. Para Hurtado (2003)  y Núñez (2001), esto se debe a la inexistencia de un “Proyecto de Vida” en muchas personas, por eso lo importante es vivir “hoy”.
     Antes de profundizar en este aspecto, es preciso detenerse en las posibles raíces antropo – éticas de la poca importancia que le da el venezolano al valor vida.

Reflexión Antropológico – Ética
     Herencia trascendental
     España al conquistar la América, trajo los valores medievales de la vida. Todavía hoy en día perdura la visión del hombre trascendental, es decir, esta vida es un paso para el cielo, es necesario sufrir y sacrificarse para poder alcanzar el reino de los cielos. Aquí puede estar la raíz del conformismo y de pronto la observancia de la “calidad de vida”, como algo de lujo, reservado sólo a los hedonistas. “Me sacrifico por mis hijos”.
…..Escatología y Nihilismo
      Como herencia de la cultura europea, también se encuentra el sentido escatológico presente en herencia de la tradición judeo – cristiana. Se tiene en la sociedad venezolana muy presente el “fin de los tiempos”, es decir, la idea secuencial y lineal del tiempo, con un principio y un fin determinado. Pero además, aunque no se ha demostrado, parece que algunas culturas aborígenes también poseían un alto sentido escatológico de la existencia. Adicionalmente, del lado contrario,  la modernidad también aporta el nihilismo ¡No hay nada después de la vida!, por lo tanto (en sentido negativo)  hay que disfrutar hoy. Si lo que queda es la nada, ¿tiene realmente sentido vivir?
     Patriotismo estoico
     La historia de Venezuela está narrada como una gesta en la cual los padres de la patria “dieron su vida” por la independencia. Se destacan las figuras más estoicas y las que murieron durante la Guerra de Independencia o inmediatamente después, como por ejemplo, Simón Bolívar, Antonio José de Sucre, o por episodios como la tortura de Luisa Cáceres de Arismedi, pero poco se conoce de las figuras que sobrevivieron y de los aportes o pensamientos producidos por ellos después de la gesta emancipadora. 
     Por otra parte aún se desconoce por muchos venezolanos que según Humboldt, en Venezuela antes de la Guerra de Independencia había entre 1.000.000 y 800.000 habitantes. Historiadores sostienen que después de ésta quedaron entre 500.000 o 400.000 venezolanos, luego con la Guerra Federal esta cifra se redujo a la mitad, es decir entre 200.000 y 250.000 habitantes. Las guerras civiles casi desaparecen a Venezuela; sin embargo, persiste la violencia y la confrontación política entre los venezolanos. Es necesario sustituir el valor “patria o muerte” por valores como la tolerancia, la negociación, la democracia y el consenso, que tienen como raíz la preservación de la vida.
     Consumismo e individualismo
     Debido a la aculturación de la sociedad venezolana, el consumismo exacerbado introducido por la cultura de masas y por el sistema capitalista (salvaje) al país, ha promovido un individualismo radical que ha socavado el valor vida en Venezuela. Por esta razón muchas personas dejan de alimentarse bien, asistir al médico por aparentar con vestidos lujosos y otros adminículos muchas veces innecesarios. De igual forma, este tipo de cultura reduce al sexo, al acto que da vida, como algo divertido y como una simple forma de placer, sin medir las consecuencias que esta visión irresponsable trae. En este mismo sentido, se promociona al Hombre Malboro como prototipo de masculinidad, el cual promociona al hombre fumador como hombre de éxito, cuando el cigarrillo es una de las principales causas de la disfunción eréctil.
      Falta de Identidad y Pertenencia
      La construcción de una historia menos épica y más real ha llevado a que los venezolanos desconozcan su pasado, ya que la historia épica y mítica de la actualidad hace énfasis en los personajes y las fechas, más que en los sucesos y en la relación de los hechos  pasados con la situación presente. Los prototipos históricos que se tienen son “héroes” o “semidioses” con características casi sobre naturales imposibles de emular o tomar como ejemplo: no se hace la conexión entre sus aportes y la situación actual. Al desconocerse el pasado, no se entiende el presente y no se vislumbra un futuro cierto. Esto genera un estado de zozobra y angustia que puede generar desórdenes psicológicos y llevar a conductas violentas en detrimento de la vida y su preservación.
      Concepto errado de prosperidad y riqueza
      Los venezolanos piensan que su país es inmensamente rico, gracias al petróleo. Pero esta no parece ser una visión nueva. En el siglo XIX, gracias a las altas exportaciones de café y cacao, los venezolanos de aquel entonces tenían una visión parecida. La riqueza se toma como algo inagotable, que está allí y así permanecerá; no como algo que es menester planificar, construir y preservar. De allí la agresión al ambiente (no importa nunca se acabará) y la pasividad (incluso complacencia) ante la corrupción: “alcanza para todos”, “que no me de, que me pongan donde hay”, “con tal y me dejen algo”.
     Concepción errónea del Estado
     Tiene relación con lo anterior. Existe un sentimiento del ciudadano de que está en desventaja frente a las estructuras de poder del Estado; como si se tratara de un ente ajeno, separado de su realidad. El Estado no se concibe como una institución, la cual está conformada precisamente por personas. Esta situación de desventaja y de “nada puedo hacer” frente a los abusos de autoridad y el incumplimiento de la ley, también aumenta los sentimientos de frustración y rabia, que se ponen de manifiesto en violencia verbal o física  entre los ciudadanos, porque el Estado y el gobierno de turno parecen intocables (Rodríguez, 2004). Este abordaje del Estado puede tener relación con la herencia colonial en la cual el Imperio Español ejercía un poder absolutista, y los pocos colonos que tenían acceso a él, era por su posición económica y social, mediante el pago de prebendas, la Corona, estaba distante, inalcanzable, allende al océano…

(Re) Visión integral del legado antropo-ético del venezolano
     Todos estas raíces antropo – éticas de la violencia y la falta de importancia del valor vida de los venezolanos, obviamente no tiene una solución sencilla. Es necesario combatir muchos mitos y creencias. Aunque tampoco se trata de sustituirlas, sino de revisarlas y darle un sentido más humano y propenso a la vida; como por ejemplo, dentro de la religión católica hay pasajes bíblicos significativos más allá de la Pasión de Cristo, como la Navidad, la Resurrección, La Asunción; sobre los cuales se puede construir un mejor sentido de la vida.
     También en  las culturas de los pueblos ancestrales se deben buscar nociones no lineales del tiempo y de la vida (menos escatológica), las cuales además le otorgan una alta valoración a los procesos biológicos y respeto a la naturaleza. Así mismo, se tiene una herencia indígena importante que promueve la vida presente en costumbres, mitos y tradiciones de las comunidades rurales del país.
     En fin es necesario reconstruir y reinterpretar la historia venezolana con un sentido más integral,  y además  relacionado con el presente y con el futuro. Además, es preciso revisar valores presentes en la sociedad tales como el individualismo, el consumismo y el sexo irresponsable; para darles una nueva dimensión hacia la ruta de la vida.

Proyecto de Vida, Familia y Escuela
     En el ámbito personal y comunitario, la mejor forma de ascender la vida a la punta de la pirámide de los valores, es enseñarles a los niños y a los jóvenes a descubrir desde temprano su vocación, sus habilidades, destrezas y potencialidades, que se proyectan hacia el futuro. De esta manera se valorará aún más la vida propia y la de los demás, se pensará no sólo en el presente, sino también en el pasado  y en el futuro.
     Por su puesto la familia y la escuela son fundamentales en esta tarea. Son sumamente importantes los proyectos relacionados con la biografía, el árbol genealógico y la historia familiar. Se empieza por el pasado para proyectar el futuro. La familia y la escuela pueden colaborar en este sentido, al tiempo que la exploración vocacional se hace inminentemente necesaria. Sin embargo, es necesario que docentes y padres se encuentren identificados y cómodos con sus roles, para que sean  un buen ejemplo a seguir por las nuevas generaciones, y su discurso sea más coherente, y por lo tanto, efectivo.      
     Finalmente, el valor de la educación no puede estar centrado solamente en hacer una carrera para alcanzar un título y “ser alguien”. Es vital  comenzar  a valorar a la educación por el hecho mismo de aprender (y no sólo la nota) y de adquirir conocimientos para crecer como persona y así alcanzar el proyecto de vida y los fines personales, familiares y comunales.

Referencias

Estas reflexiones son producto de la sinergia desarrollada en el aula con estudiantes de Introducción a la Filosofía de la Carrera de Comunicación Social (Universidad Bicentenaria de Aragua) y Filosofía de la Educación de la Carrera de Educación (Instituto Pedagógico Rural El Mácaro - UPEL) durante el período 2003 – 2005.

Hurtado, Jacqueline (2003). Psicóloga. Autora de Psicología de la integración. Desarrolladora de la Holística y el pensamiento complejo. Declaraciones recogidas en sus diversas conferencias.


Núñez, Judith (2003). Investigación Evaluativo de un programa educativo en prevención del VIH / SIDA de la OMS dirigido a estudiantes de la tercera etapa de educación básica. Conferencia presentada en las II Jornadas de investigación Holística. Celebradas en la Universidad Católica Andrés Bello, Caracas, 10 y 11 de noviembre. 

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